sábado, 11 de octubre de 2014

La torre


El pecado era una dulce torre donde amanecía cada día, una torre construida de manera que cada vez se parecía mas a una montaña rusa. No era una muralla china (ni tan siquiera), no había un mandarín o un jefe. Cortaba árboles –uno tras otro, uno encima de otro– como si fuese un verdugo o Paul Bunyan con su toro azul;  y después, cuando salía la luna, me sentaba a ver como crecía la torre. Los indios se habían ido, habían cortado muchas cabelleras para los franceses (la civilización siempre manda); otros cerraron el mar para que los barcos no llegaran a la isla, murieron millones (de hambre). Yo sigo construyendo mi torre, un farallón de miles de gaviotas (y ninguna se llama Juan, ni Salvador), toneladas de guano. Ninguna torre será como la mía, bosques enteros construidos con los esqueletos de los asesinados galos por Julio Cesar, con las victimas de Aquiles y los millones de comunistas eliminados por Stalin; también tengo cadáveres de Oviedo y de los anarquistas fusilados en el Ebro.
Mi torre se levanta sin orgullo (es de muertos) pero cada día está más alta, ahora está llena de negros robados y asesinados por los mares desde el Senegal a Ceuta. Está llena de iraquíes y de millones de parados que ven la televisión.
La torre se construye con huesos pelados por buitres con nombres que empiezan por la letra $. La torre, como una montaña rusa, asciende al cielo y luego cae violenta como cae Jeremy Irons, crucificado, por la catarata, elevado en la música de Morricone.
Toda la tierra está llena de indios, pero también de rusos y chinos (millones y millones murieron por los nazis) y las ametralladoras en el convento de Santa Clara en el Oviedo del 37 y en los jardines de Valdedios, donde los requetés sacaron a bailar a las enfermeras para luego violarlas y enterrarlas entre las piedras . También Dios y todos esos ángeles, como niños perfomados, y todos esos cadáveres, escalan entre mis restos, construyen mi torre; un rascacielos lleno de King Kongs traicionados arrojándose por las ventanas, exhaustos de vivir.
Ahora la niebla, me hace ver mal la construcción pero aun así la siento levantarse, como si fuese un animal torturado por la Santa Inquisición o la Santa Compaña y Feldetestas y el Hombre lobo, esperando la fila y los cuartos menguantes y crecientes sin importarle el siglo, como si fuese Drácula, y Unamuno no hubiese existido. El rey de las tinieblas que no tiene ningún problema en seguir de pie, con su capa, contemplando como se arruinan las vidas de los que no necesitan ser devorados. Todos los huesos se apilan, como un zigurat mesopotámico o una pirámide maya, devorando, vomitando corazones. En París tomamos un gran botín, supimos cortar cabezas, sin ningún prejuicio a la diosa Razón, un placer limpio, cartesiano, de mapas trazados a escuadra y cartabón y cuellos que caen puros, rotundos, sin falta de que nadie les dijese adiós.
Mi monumento se levanta alto y blanco reluciente sobre la luz de la luna. La acaricio desde los huesos bajos de clavículas y costillas rotas (otario que un día cansado, se puso a ladrar). Acaricio los huesos como si fuesen besos y recuerdo la piel de las mujeres que amé o de las que me quisieron o de las que estuvieron a mi lado, de las que desee y de esa que amé. Rebusco en la oscuridad y le voy robando segundos al tiempo pasado, los arrastro hasta mi torre para recordarla. Yo había escupido la piltrafa de mis entrañas y no fue hasta aquella noche –donde cuando me muero- cuando que ya no había nada más y mi vida se había acabado, llegaste como un rayo (divino).
Ahora levanto mi torre de muertos, tengo cadáveres de todas las razas, hombres y mujeres desconocidas que se han quedado muertos con una sonrisa de horror en la boca por no saber por que los mataban; a pedradas, asaetados, acuchillados, descuartizados, envenenados, engañados, ilusos, llenos de ideas, de ideales, de amor, de hijos. Todos fueron muertos igual, unos por las mentiras, otros por la pasión, por la ira, por el egoísmo, por el miedo, por el dinero, por el amor, por ti.
Y así nos fuimos
Me envenené
De tus besos
He llegado a casa y
No hay ninguna
Tower of song.

jueves, 4 de septiembre de 2014

El patio de los naranjos


















Este jueves a las ocho de la noche X-C saldrá de su caverna (entre las sombras) para asomarse a las luces de El patio de los naranjos. Una lluvia de palabras y deseos, un lento discurrir del tiempo como si el otoño fuese eterno y el ansia nos devorase.



lunes, 4 de agosto de 2014

La definicion del amor














La definición del amor.- Andrew Marvell

Mi amor es de tan raro nacimiento
como de objeto extraño y elevado:
lo engendró la desesperación
en la imposibilidad.

Sólo la desesperación, magnánima,
podía mostrarme tan divino asunto:
allí volar no puede la débil esperanza
sino batir en vano sus alas de oropel.

Pero yo podría llegar como el rayo
allí donde mi alma extendida se fijó, 
mas clava la Parca sus cuñas de hierro
y siempre se interpone entre los dos.

Pues sólo con ojos celosos mira ella
dos amores perfectos, o los cierra:
su unión, de hacerse, sería su ruina
y depondría su poder tiránico.

Por lo tanto, sus decretos de acero
nos colocaron cual dos distantes polos,
(aunque girando el mundo del amor
en torno nuestro) sin poder abrazarnos.

Aunque se desplomara el mareado cielo
o quebrara la tierra nueva convulsión
y, para unirnos, tuviera el mundo
que ceñirse a un solo planisferio.

Cual líneas oblicuas, pueden los amores
saludarse muy bien en cada ángulo:
mas las nuestras, que son tan paralelas
e infinitas, no pueden encontrarse nunca.

El amor, entonces, que nos une
y que la Parca prohíbe con envidia,
es la conjunción de la mente
y la oposición de las estrellas.

foto Indiana-Caba

domingo, 27 de julio de 2014

¿Qué pasa cuando amas?











foto X-C


¿Qué pasa cuando amas?
Cuando amas tanto que
no puedes respirar,
cuando no hay un segundo
en que ella no este.
Cuando el cielo se junta
con el infierno y tienes,
dentro de tus dedos,
cada una de sus palabras,
cada uno de sus gestos,
su olor, y el repique
de su risa.
La amas tanto que
cuando cierras la puerta
de casa, te quedas
sentado en el suelo
viendo sus fotos en
el móvil, enciendes
el ordenador para verla
más grande y escuchas
su voz grabada.
Luego, cuando ya estás
tan borracho que
no puedes andar,
te arrastras a la cama
y la besas, te
abrazas a ella como
si pudieses sentir sus caricias,
la abrazas tan fuerte,
como si fuese el fin
del mundo. La besas
y notas como
la Tierra gira.
Todo se mueve bajo
tus pies, la cama
tiembla y yo
estoy en ese estado
febril (antes de
desmayarme) donde
el roce de las sábanas
pronuncia mi nombre
en tu boca, luego
todo se inunda de
semen y tus ojos
me taladran
como si fuese
un perro que
ve alejarse un coche.


martes, 8 de julio de 2014

Dedicatoria












foto X-C



Dedicatoria.- Leopoldo María Panero

Más allá de donde
aún se esconde la vida, queda
un reino, queda cultivar
como un rey su agonía,
hacer florecer como un reino
la sucia flor de la agonía:
yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema.




miércoles, 2 de julio de 2014

Tengo tu voz lejana
















foto X-C



Tengo tu voz lejana,
                     extraña,
como pegada a mí,
si, pegada a mí,
totalmente pegada a mí,
                  dentro de mí,
                  entre el martillo y el yunque.
Como si te tuviese dentro,
                               dentro de mi cabeza,
en ese espacio pequeño que llena mi alma
                               de estremecimiento.
Alegría y dolor,
como El anillo de los nibelungos,
sin anillo y sin nibelungos,
solo la música de Wagner
cuando Tristán agoniza
e Isolda muere de amor.
Pero me estoy yendo,
decía que tengo la voz
dentro de mí.
Una voz que sube y baja,
que cambia de palabras,
que sale de tus labios,
              de tus dientes,
              de tu lengua,
              de lo profundo de tu garganta,
              de tus pulsaciones.
Imagino que me sumerjo en tu pecho.
Me lanzo como si fuese al mar,
desde una roca,
con las dos manos juntas,
como cuando era niño.
Y me sumerjo en ti,
mis manos abren tu pecho
y separan tus costillas
y dejan que mi cuerpo entre dentro de ti.
Buceo entre tu corazón y tu alma,
aparto un bosque huesos,
un mar de venas y arterias.
Estoy dentro de tus músculos, de tu  carne,
(intento) busco tus entrañas,
                         tu alma.
Pataleo con fuerza,
cuando casi me ahogo
entre globos rojos y blancos.
Busco el fondo de donde salen tus palabras,
                         de donde salen tus besos,
de lo que pasa cuando te acaricio,
de porque me acaricias.
Subo por tu cuello
hasta entrar en tu cerebro.
Ácido desoxirribonucleico,
columnas de ADN que suben por la espina dorsal.
Busco de donde salen las palabras,
de esas cosas que me has dicho.
Busco tu amor.
Quiero saber la razón,
                      el porqué.
Busco la esencia,
como si fuese el perfumero de Suskind.
Quiero saber porque hablábamos.
Me hablabas después de hacer el amor,
no te cansabas de preguntarme,
con aquella vocecita que ponías
después de correrte,
cuando me quedaba tan relajado y feliz
que levitaba sobre aquella cama,
sobre aquellos cielos de una capital,
cazurra y amarilla,
llena de miseria y egoísmo.
Solo nubes y aves que pasan,
cigüeñas y garzas,
un recorte japonés
contra el cielo de Velazquez.
Una tristeza de ciudad, subterránea y satélite,
ignorante y pobre,
la misma de Cervantes y Quevedo.
Una ciudad maldita por las brujas de Macbeth,
porque no hay ningún bosque que pueda avanzar,
solo fusilados, muertos,
como los pintó Goya.