sábado, 6 de marzo de 2010

Ay! amor



Durante los últimos cinco años he subido al autobús todos los días y todos los días bajaba a casa queriendo andar hacia atrás  como una tortuga que esperaba que la atropellase un coche al cruzar la calle; cada día era el último, y de hecho yo siempre era el último, el último mono, el último de filipinas, el último en enterarse de todo... Que buenos fueron los buenos días  el problema es que no recuerdo ningún día bueno, sólo recuero cuando me pegabas, cuando al llegar a casa me empezabas a insultar y cuando te quitabas el cinturón, cuando corría a encerrarme en el baño y tu te dormías apoyado en la puerta, tenía que despertarte para salir, pero prefería dormir en la bañera, pero daba igual, por la mañana, antes de ir a trabajar te ponías furioso y pateabas la puerta, yo entonces salía y me pegabas, me pegabas con el puño, la primera vez me pusiste un ojo morado, la segunda me rompiste un labio y después, después me pateaste la cabeza hasta que morí.

2 comentarios:

  1. "Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
    rostro amado donde contemplo el mundo,
    donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
    volando a la región donde nada se olvida.

    Tu forma externa, diamante o rubí duro,
    brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
    cráter que me convoca con su música íntima,
    con esa indescifrable llamada de tus dientes.

    Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
    porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
    no es mío, sino el caliente aliento
    que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

    Deja, deja que mire, teñido del amor,
    enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
    deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
    donde muero y renuncio a vivir para siempre.

    Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
    quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
    que regando encerrada bellos miembros extremos
    siente así los hermosos límites de la vida.

    Este beso en tus labios como una lenta espina,
    como un mar que voló hecho un espejo,
    como el brillo de un ala, es todavía unas manos,
    un repasar de tu crujiente pelo, un crepitar
    de la luz vengadora,
    luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
    pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo".

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  2. La destrucción o el amor, ese libro ocupó mi mesita en los últimos días de mi vida, hoy al volver a leer ese poema he recordado las sábanas frías y el odio puro:

    "Yo te he querido como nunca.
    Eras azul como noche que acaba,
    eras la impenetrable caparazón del galápago
    que se oculta bajo la roca de la amorosa llegada de la luz.
    Eras la sombra torpe
    que cuaja entre los dedos cuando en tierra dormimos solitarios.

    De nada serviría besar tu oscura encrucijada de sangre alterna,
    donde de pronto el pulso navegaba
    y de pronto faltaba como un mar que desprecia a la arena.
    La sequedad viviente de unos ojos marchitos,
    de los que yo veía a través de las lágrimas,
    era una caricia para herir las pupilas,
    sin que siquiera el párpado se cerrase en defensa.

    Cuán amorosa forma
    la del suelo las noches del verano
    cuando echado en la tierra se acaricia este mundo que rueda,
    la sequedad obscura,
    la sordera profunda,
    la cerrazón a todo,
    que transcurre como lo más ajeno a un sollozo.

    Tú, pobre hombre que duermes
    sin notar esa luna trunca
    que gemebunda apenas si te roza;
    tú, que viajas postrero
    con la corteza seca que rueda entre tus brazos,
    no beses el silencio sin falla por donde nunca
    a la sangre se espía,
    por donde será inútil la busca del calor
    que por los labios se bebe
    y hace fulgir el cuerpo como con una luz azul si la noche es de plomo.

    No, no busques esa gota pequeñita,
    ese mundo reducido o sangre mínima,
    esa lágrima que ha latido
    y en la que apoyar la mejilla descansa."

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