miércoles, 14 de septiembre de 2011

An American Dream


















Coyote Painting Walls presentó en la Sala LAI de Gijón, An American Dream, un proyecto artístico, que podemos vislumbrar desde el escaparate que nos regala Begoña en Cimavilla. La instalación combina pinturas y dibujos con las fotografías de la artista japonesa Mika Sonoro enseñoreadas por la bandera y la amenazadora silueta de un avión, lo que fue símbolo de progreso y libertad, ahora convertido en el negro presagio de la muerte. La obra es el desarrollo de una idea tras un largo año vivido en Boston y en otras ciudades americanas.
AN AMERICAN DREAM surge de la necesidad de poner de manifiesto las raíces sociales y psicológicas de la decadencia americana a partir de las experiencias de los artistas en distintas ciudades del Nuevo Mundo.

Ilustraciones, pequeñas fichas colgadas del aire por pinzas, algunas de ellas formando un puzzle para ser visto desde el escaparate de la sala LAI; los dibujos al pie del cristal pueden ser admirados desde la calle, los cuadros del fondo están ocupados por rostros africanos que recuerdan a las caras-máscaras de Las señoritas de Avignon., son rostros humanos como caretas de cartón, como si la vida hubiese tallado la piel para convertir las sonrisas en rictus dolorosos y el brillo de los ojos ante el asombro de lo nuevo, en la mirada perdida de quien no sabe de donde le caen los golpes.

El entusiasta trabajo de Iván Fernández en su periplo vital en el que recorre el mundo se nos contagia al contemplar la instalación, las distintas piezas de la muestra se fusionan, se interpretan y reinterpretan como si fuesen ejecutadas por distintos instrumentos, como si el jazz de Charles Mingus surgiese de las paredes y los techos de la galería, las piezas comienzan un tema y se repiten y vuelven a empezar, tal vez tocadas de otra forma o con otros instrumentos, no tienen fin las interpretaciones, cada nota, cada dibujo, como si fuese una variación de otro, forma un todo: An American Dream.


Colores brillantes, como los de Keith Haring para dar vida a los sueños, y a los interpretes de esa maldita comedia humana, son como si fuesen los chillidos del metal o las notas discordantes de un contrabajo, la búsqueda de una expresión, tal vez como si intentase crear un mundo propio, con sus personajes, sus dioses y sus héroes y sus fracasos y sus victimas, un universo particular como el que diseñó Basquiat en el Nueva York de los ochenta.


Descubrimos cuatro linografías donde se repiten calaveras, tristes miradas o corazones en llamas, o a la mismísima Virgen de Guadalupe (también México fue destino de Iván) en actitud oferente, envuelta en una mandorla de haces de luz.
Pequeños apuntes, tomados en la libreta, en el bloc que siempre le acompaña, como si fuese una cámara Polaroid o un diario (como los que dibujó Juan Botas hasta el agónico fin de sus días) de notas de viaje, que ocupa con sus dibujos, donde plasma la realidad que contempla, la difícil vida en un país que se considera el centro del mundo (universo) y donde el aluvión de hombres y mujeres de todo el planeta forman un conglomerado unido con pinzas por la bandera de las barras y estrellas, y por tanto del enemigo exterior (ya que la culpa nadie la quiere); por eso el imperio busca enemigos, para que busquemos el mal fuera e ignoremos al sistema, la hidra del capitalismo que devora seres y sueños, para vomitarlos por las calles dejándolos vacíos y desolados, sin saber el porqué.



fotos X-C






http://www.laimuseum.com/AnAmericanDream/index.html
http://www.coyotepaintingwalls.com/

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