lunes, 24 de octubre de 2011

El dolor


















pintura Cristina Megía



El dolor es cuando no estás, no estás. Cuando no suena tu voz, cuando extiendo la mano y no te toco, cuando miro al suelo y no veo tus pies, cuando cierro los ojos y no te escucho, cuando das la vuelta en la cama y no te puedo abrazar, cuando no te huelo, cuando doy besos al aire porque mis labios no te encuentran, cuando la hiel de tu ausencia me envenena, cuando abro los ojos y digo tu nombre y se que no estás, cuando me arrastro buscando alguna huella de tus pasos, cuando bebo la sal de las lágrimas que llevan el recuerdo de tus besos, cuando me ducho y al tocar mi cuerpo recuerdo tus caricias, cuando me apretujo en la cama y siento tus abrazos, cuando escucho tu voz (dentro de mi alma), cuando mis dedos se estiran y te buscan desesperadamente (y no te hallan), cuando miro delante de mi y no te veo, cuando te veo delante de mi y al estirar la mano para tocarte no te encuentro, cuando me revuelco en mi vomito y no puedo respirar, cuando te siento, cuando me dices adiós, cuando me corro dentro de ti y me dices adiós y lloras, cuando siento tu piel en la yema de mis dedos, y cuando me acaricias, cuando tus dedos se deslizan sobre mi piel y me dicen amor, cuando me levanto y veo la cama vacía, cuando miro y no encuentro tus labios, cuando sueño contigo y de repente despierto y me doy cuenta de que es un sueño y no estás, cuando hago el café, cuando me siento en la mesa de la cocina, cuando desayuno, cuando me afeito y no me veo en el espejo porque sólo te veo a ti, cuando escribo porque veo mis manos y recuerdo las tuyas, cuando caigo y el frío del suelo me recuerda tus pies en mi cama, cuando lloro y me ahogo en el mar de tus brazos, en el mar de tu ausencia, en la noche, en el frío, en el ardiente infierno de tu ausencia, en la locura del grito que te llama.
Y te amo... en el dolor, desde el dolor, desde la ausencia, desde el infierno, desde la oscuridad, desde la noche, desde el sol, desde el recuerdo, desde el pasado, desde el futuro, desde la nada, desde el amor (sangrante y desesperado).



2 comentarios:

  1. Cuando por fin leí, aunque era una traducción, las obras de Federico García Lorca, fue entonces cuando comprendí que había una voz.
    No es que haya copiado su voz, yo no me atrevería a hacer eso, pero me dió permiso para encontrar una voz, para ubicar una voz, es decir, para ubicar el yo, un yo que no está del todo terminado, que lucha por su propia existencia, y conforme me iba haciendo mayor comprendí que las instrucciones venían con esa voz. ¿Qué instrucciones eran esas? Nunca lamentar, y si queremos, ni siquiera casualmente, ni si queremos expresar la derrota que nos ataca a todos tiene que ser en los confines estrictos de la dignidad y de la belleza.

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  2. Sin duda alguna uno de los peores y mediocres discursos de los premios. Acorde con la mediocridad de varios de los premiados en esta y otras ocasiones

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