lunes, 13 de febrero de 2012

ANTI-MICROBIAL Protection


















Cesar Naves ha recorrido el mundo y en todas partes se ha encontrado con los restos de los sueños, con lo que queda del material con el que se construyen los sueños. Los restos de lo que nos da la vida, el humus con el que cubrimos la Tierra, el estiércol en que convertimos todo aquello que tocamos; detritus, como los sueños abandonados en las esquinas de la vida.
Las fotografías disparan humanismo, nos enseñan donde se posan el final de las ideas, en que nos convertimos cuando llegamos a puerto y rendimos pleitesía a la madre Naturaleza.
Engullimos alimentos, penetran por la boca se deslizan por la garganta, bajan hasta el estomago, se van descomponiendo, se van corrompiendo como la vida misma. Ya que vivir es morir, comer es cagar; hemos de morir para que surja la vida, todo se transforma y no somos mas que una parte de un mundo que apenas comprendemos. Todos defecamos, todos nos inclinamos para dejar caer las deposiciones que abonaran la tierra, pero ¡maldita sea! aunque todos lo hagamos, no todos cagan en el mismo sitio, aunque todos tengamos que hacerlo para vivir algunos cagan en váteres dorados.
Cesar viaja por escenarios que van llenando su vida de paisaje y sentimientos. Jordania, Kenia, Croacia, Nepal, España, Senegal, son algunos de esos rincones; como escribió Paul Bowles en El cielo protector: «Entre el turista y el viajero la primera diferencia reside en parte en el tiempo. Mientras el turista, por lo general, regresa a casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra. El turista acepta su propia civilización sin cuestionarla y el viajero la compara con las otras y rechaza los aspectos que no le gustan». No hay ningún afán crítico o despectivo en las instantáneas de Cesar, igual que no hay ningún afán de hacer turismo en sus viajes, tan solo es el discurrir de la vida, como un río, lleno de meandros, charcos y rápidos por los que descendemos sin apenas poder hacer nada por evitarlos.
Las fotografías pueden ser un recuerdo o una denuncia, o una manía, o más bien un intento de compra de recuerdos —como cuando un replicante sueña con ovejas eléctricas— de turista japonés (o español) pero también puede ser una obra de arte. Cuando la idea, tras la reflexión, nos lleva a intentar comunicar algo («torear es tener algo que decir y decirlo», decía el maestro Rafael el Gallo) nos estrujamos los sesos buscando el camino. Cesar enfoca de manera artera y precisa, adrede; sabe lo que nos quiere contar: todos los hombre y mujeres por muy alta cuna que hayan tenido han de buscar un rincón para depositar sus restos.
Me cuenta Arley (mi escanciador personal) que en su pueblo, en Chinche Viejo en la Cordillera Central colombiana, cerca de Macondo donde  Aureliano Buendía vio como su hijo recién nacido con una cola de cerdo, como había profetizado la maldición, era comido por los hormigas, «porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.» había usado retretes como alguno de estos, en particular como esa especie de jaima a la orilla del río Senegal. Construían así los baños para la gente humilde, en la vega de los ríos cavaban un agujero y hacían un reguero hasta el agua, ponían una tabla encima a la que habían recortado un circulo en el centro, el invento también servía de ducha colocando una manguera por arriba de los palos que sujetaban la lona.
Hace poco tiempo que hay aseos en las casas de España, antes las viviendas solo disponían de una vacenilla “¡Agua va!” gritaban cuanto arrojaban las heces por la ventana. Ahora ya nadie recuerda aquello, se buscan hoteles con spa y pulserita en la muñeca y la mayor aventura que han sufrido ha sido tomar un mojito en el Floridita o comprar unas castañuelas de plástico a un gitanillo en el mirador de san Nicolás.
Cesar nos narra lo que ha visto, no lo que le han enseñado, ni lo que le han dicho, de esos sitios donde mamá nos decía que no fuésemos, esos sitios donde sentiste que estabas vivo y que la vida era mucho más que pensar que propina dejo al maître. La vida solo luz y sombras, frío y calor, un agujero, ese sitio donde nos sentimos vulnerables. Tal vez sea más real que decir “se vive como se sueña”, decir: se vive como se caga, solos.
 
César Naves en La Sala de Blas (Archidona)
4-25 de febrero del 2012
http://noterustas.blogspot.com/
http://www.facebook.com/pages/La-Sala-de-Blas/170763322963628

3 comentarios:

  1. muchas gracias J.C., buena elección de imágenes y genial texto, pensando en las limitaciones temporoespaciales que teníamos has plasmado justamente aquello que yo quería decir, pero con muchísimas mejores palabras
    Un abrazo

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  2. Gracias Cesar por hacerme participar en ANTI-MICROBIAL Protection con este texto escrito para el catálogo de la exposición en la Sala de Blas. Espero seguir colaborando contigo en otros proyectos.

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