jueves, 21 de junio de 2012

El bar estaba lleno














foto X-C





El bar estaba lleno, hacía tanto ruido que no había nada que decir, la chica de la barra me preguntó a voces que quería, señalé la botella de Bombay Sapphire mientras miraba sus tetas; eran dos, como los cuernos de san José ¿cómo es posible que aún nos sorprendan las cosas tan evidentes?
La luz azul hacía que me sintiese como un besugo en el mostrador de una pescadería, las merlucillas andaban sueltas por entre los cubitos de hielo, aunque más bien parecían truchas en una piscifactoría de esas que te dejan la caña, sacas el pez y te lo comes allí mismo.
Pero el horno no estaba para bollos y yo andaba de muy malos cojones. La perspectiva de la noche era la misma de siempre aunque esta vez el encargo estaba terminado y mañana lo iba a cobrar. Tenía que buscar una disculpa para no pasar por la Central, estaba quemado del jefe pero no quedaba otra que aguantar.
El trabajo había consistido en pintarle la cara a la mujer de un capullo que estaba harto de pagarle las facturas, las facturas del dentista, del gimnasio y de la boutique. De las excursiones a París con sus amigas pasó a pagar la obra social de la iglesia en forma de hostia consagrada que se tenía que tragar todos los días al no encontrarla en casa cuando él llegaba de trabajar.
Parecía ser que la colección de cuadros no le había bastado y que su amor por el arte se había transformado en otro tipo de amor, en algo menos platónico y más efímero, en amor por los artistas.
Al menos no había sido un trabajo sucio, aunque ya se sabe que no hay nada más sucio que el dinero y aquí había mucho dinero.

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