martes, 31 de diciembre de 2013

Me han dicho que no puedo amar

Me han dicho que no puedo amar
Porque los pobres no podemos amar
no podemos hacer planes
no tenemos futuro
Los pobres somos la escoria
no somos presentables
Avergonzamos con nuestra presencia
Nuestra depresión deprime, no es bonita
Hay que alejarse de ella, de nosotros
                                      los apestados
                                      los millones de parados
Los que no podemos amar
Porque somos escoria
Los desechos de la fundición donde han quemado nuestras vidas
Los pobres no podemos pedir a los reyes
no podemos gritar en la calle
podemos bajar la cabeza
o rogar a dios
podemos ver la televisión
y los partidos de fútbol
hasta quedarnos ciegos

Pero los pobres no podemos amar
No podemos decirte te quiero
porque no tenemos nada que ofrecer
                             Nada
                             sólo tristeza y soledad
Tristeza, esta tristeza que te corroe
Y te impide levantarte
esta tristeza que te aplasta y no te deja dormir
Porque los pobres no podemos amar
                           no podemos querer
Tampoco podemos quejarnos
no tenemos derecho, porque hace feo
Sólo podemos tirarnos por las ventanas
                                           en silencio
o en la vía del tren
o colgarnos de las lámparas
Pero siempre a solas, en silencio
                                 sin ensuciar
Porque los pobres no podemos amar
No podemos estar tristes
No podemos dejar que nadie nos vea
Con la boca cerrada y mirando al suelo
                                 Mirando al suelo
Donde ya no encuentro los pasos
Donde ya no veo tus huellas

Pero entonces, está noche, cuando me lance al vacio
                                                          no te preocupes
                                                          que nadie me verá
Porque no soy presentable
Porque los pobres no podemos amar
                           No podemos querer
Sólo morir (en silencio)
como los animales en el matadero

Ven noche, ven ya
no me hagas esperar más
ya sabes lo que me dijo
Los pobres, los sin dinero, no podemos hacer planes
No hay futuro
No eres presentable
Estas bien allí
Cada uno en su sitio
Y los pobres siempre debajo
Porque los pobres no podemos amar
                           No podemos querer
Solo podemos morir en silencio
como un ejercito de sombras
de seis millones de parados
los hijos de la democracia
los hijos de Dios
Porque el sueño de la razón produce monstruos
                                                      y yo soy uno de ellos
Uno de tus hijos que anda por las calles mirando el suelo
escondiéndose en las sombras
Que nadie me vea
Que no tenga que sonreír
Ni decir que estoy bien
Que no sepa que no se qué voy a comer mañana
o que no tengo dinero para pagar la luz
Porque los pobres no podemos molestar
Tenemos que ser serios y callados
                                      Invisibles
Porque los pobres no podemos amar
                           No podemos querer
                           No podemos hablar
                           No podemos sentir
                           No podemos soñar
Porque solo somos escoria
Los restos de la hoguera de nuestras vidas
Las esquirlas de la democracia
Los hijos de Dios
ese Dios que yo maldigo
Porque no me deja amar
No me deja querer
No me deja sentir
No me deja soñar
No me deja estar
No me deja ser

Yo os maldigo, hijos de puta



martes, 24 de diciembre de 2013

Esta noche es Nochebuena












foto X-C


Se tiró por el cabo Peñas abajo con la furgoneta de reparto de su marido.
Él era panadero y la hizo ir a un club de intercambio de parejas en la noche de Nochebuena, tras la cena familiar en casa de sus suegros. Dejaron a los dos niños con ellos y ella, que estaba piripi de todo el freixenet que le había ido dado su marido durante el banquete, accedió al fin al capricho de este y se fueron al local de intercambio, Encuentros se llamaba, y no quedaba lejos de casa.
Lo mató con un cuchillo de cocina en su habitación de matrimonio.
Volvieron del garito, a las cuatro de la mañana.
Después cogió la furgoneta y se fue al cabo Peñas, por donde tantas veces habían paseado juntos.
Salio del coche, se asomo al acantilado y volvió a subir al coche. Volvió a salir y volvió a mirar, dio unos pasos atrás… aceleró y se tiró contra el mar, a la muerte.
Ella tenía cuarenta años y dos hijos pequeños.
Su marido tenía una querida con la que alternaba por el barrio, pero ella no se había enterado, hasta aquella noche. Cuando el hombre con el que estuvo en el club le contó que su marido hacía tiempo que se acostaba con su mujer.
Aquella Nochebuena fue especial.


sábado, 21 de diciembre de 2013

domingo, 15 de diciembre de 2013

Llevo días esquivando la muerte


























Llevo días esquivando la muerte
Más allá de la locura
Más allá de la vida
En el límite
Estoy en el umbral de la muerte (donde no estás)
Donde no te encuentro
Donde pasa la noche (arrancándome los huevos) (destruyéndome)
Y nada me lleva a ti
                        a ti
                        A ti
Y ahora esta noche
                    noche maldita
        Maldita noche en que te conocí
        Maldita noche en que te amé
Tengo el tiempo arrasado entre tus ojos
Tengo el dolor tan vivo que la muerte es una fiesta
Y cuando me miras (cuando recuerdo que me miras)
Me vengo abajo como un derrabe
Como si tus pequeñas tetas
me disparasen
Ya se, ya se
Pero ahora, cuando llego a casa
Cuando no me queda otra
que meterme en la cama
Cuando no me queda otra que abrazarte
Cuando mis labios (resecos, muertos)
No queda otra que el camino de piedras
… los pasos
     pies de gato
    Una ventana cerrada
    por la que veo el sol
Y esa tarde (tarde maldita de pájaros que vuelven a casa)
Y el amor, amor de lamerte, de sentirte, ahí
Y el dolor, dolor inmenso, descabellado
Dolor de silencio, de tus besos, de tu piel, de tus buenos días, de tu amanecer
y de tu piel rastrillada por mis manos.
Dolor de infancia  y de infinito
Un dolor sobrehumano de horas sin ti
Y noches
Noches sin sueño
Noches de ti
De recorrerte
De besarte, caricias y palabras una y otra vez
Una y otra vez
Y así todo el día (y toda la noche)
Hundido en ti
Como imágenes de fotos
Como instantáneas antes de morir
Así vas a ser tú ahora
Solo nada
        Nada
Solo dolor


foto Todd Hido

viernes, 13 de diciembre de 2013

El día de los no muertos
























¡Al fin! ¡Ya esta aquí otra vez! Calentito, recién salido del horno, un cuento para la noche de Reyes, para el niño y para la niña, para el adulto y la adulta, para el adúltero y la adúltera, para el divorciado y la separada, para el viejo y la abuela. No se corten, corran y compren EL DÍA DE LOS NO MUERTOS, una historia de X-C ilustrada por el fabuloso pintor Nacho Suárez, con nueve ilustraciones, ¡nueve! a todo color. Con este regalo triunfarán allá donde vayan, llévenlo siempre consigo, y regálenlo sin piedad, su éxito esta asegurado serán el alma de todas las fiestas, se convertirán en el amigo más marchoso, el tío molón o la tía enrollada, el familiar más querido o el cuñado faltoso.
Regale EL DÍA DE LOS NO MUERTOS ¡Dese prisa que se acaban! No termine el año sin hacerse con esta fantástica historia de ¿amor? Un cuento de terror para todos los públicos. No lo dude y pídanos la más pequeña historia jamás contada. Nunca nadie ofreció tanto en dieciséis páginas, y nunca sentirá emociones tan fuertes como al leer este librito.
¡Corra! ¿No conoce a ninguna divorciada, no hay ningún separado en su vida? ¿Quien no tiene problemas con su pareja? Olvídelos y estas fiestas consiga el CUENTO PARA UNA NOCHE DE REYES, una obra de arte comprimida, el relato corto de moda. No tenga miedo y adquiera un ejemplar, se nos acaban por momentos ¡Nos los quitan de las manos!















EL DÍA DE LOS NO MUERTOS
Cuento para una noche de Reyes
Escrito por X-C en catorce páginas, con nueve ilustraciones a todo color de Nacho Suárez, de 10 x 15 cm.
Cómpralo por 6 € (gastos de envío incluidos para España)
Escribe a: lloviendopiedras.com@gmail.com




lunes, 9 de diciembre de 2013

El teléfono que no cesa



















Gloria Fuertes.- El teléfono que no cesa

Y no eras tú.
Decían: "Se me seca la boca aun cuando te hablo".
Y no eras tú."Por las tardes me encierro con tu libro."
Y no eras tú.
"Mis hijos sólo cantan tus canciones."
Y no eras tú.
"Es hermoso que existas, Gloria."
Y no eras tú.
"¡Qué feliz debe ser esa persona que amas!"
Y no eras tú.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Contemplo con asombro
















Contemplo con asombro como pasan los días sin saber nada de ti, sin tener el consuelo de tu voz lejana por las ondas del teléfono, o las pequeñas palabras de tus mensajes. Cada día sepulta a otro en el vacío de tu silencio, quedando ciego de amor ciego de vida. Intento enterrarme bajo el edredón pero una y otra vez me apareces y me tengo que morder los puños para no llorar. Me acuesto muerto y me levanto más muerto todavía. Camino como un zombi, lleno de tu recuerdo, buscándote entre todas las cosas porque todas las cosas me llevan a ti. Y no hay instante sin tu nombre en mi boca como si al pronunciarlo pudiese paladear otro tiempo en el que únicamente necesitaba abrir los ojos para poder verte, o extender mi mano para poder acariciarte.

foto Todd Hiddo

sábado, 23 de noviembre de 2013

Me he quedado sin pulso y sin aliento












foto X-C



Ángel González

Me he quedado sin pulso y sin aliento
separado de ti. Cuando respiro,
el aire se me vuelve en un suspiro
y en polvo el corazón de desaliento.
No es que sienta tu ausencia el sentimiento.
Es que la siente el cuerpo. No te miro.
No te puedo tocar por más que estiro
los brazos como un ciego contra el viento.
Todo estaba detrás de tu figura.
Ausente tú, detrás todo de nada,
borroso yermo en el que desespero.
Ya no tiene paisaje mi amargura.
Prendida de tu ausencia mi mirada,
contra todo me doy, ciego me hiero.


jueves, 7 de noviembre de 2013

Blancaflor, la hija del diablo

















Esta historia comienza en un castillo donde vivían una vieja reina y un viejo rey que no tenían descendencia. La reina rogaba a Dios todos los días que les diese un hijo, aunque a los veinte años se lo llevara el diablo. Pasó mucho tiempo hasta que nació un niño, pero cuando el niño se hizo grande cogió el vicio del juego y contra todos apostaba. Cuando cumplió veinte años echó una partida de cartas a un forastero y le ganó la bolsa, pero al día siguiente volvieron a jugar y esta vez el forastero —que no era otro que el diablo— le ganó todo el dinero. Arruinado, el diablo le preguntó que si quería jugarse el alma y el príncipe aceptó la apuesta. Y el diablo le ganó el alma, le dijo que si quería recuperarla tendría que ir a su castillo y hacer las tres cosas que él le mandaría.
Así que el muchacho se puso en marcha y después de mucho andar se encontró con una anciana que le preguntó a donde iba. Él le contestó que buscaba el Castillo de Irás y no Volverás.
 —Nadie se atreve a ir a ese castillo, nadie ha conseguido volver de allí.
La pobre anciana le pidió un poco de pan y el príncipe le ofreció todo el que llevaba.
 —Por tu bondad te diré que después de cruzar el Bosque Frondoso, tienes que llegar a un río que está cerca del Castillo de Irás y no Volverás, donde todas las mañanas van a bañarse las hijas del diablo. Escóndele la ropa a la más pequeña, que se llama Blancaflor, y no se la devuelvas hasta que te pregunte tres veces por ella y te prometa su ayuda en todo lo que necesites.
El príncipe consiguió cruzar el Bosque y pudo descubrir un gran castillo, con muchos torreones y preciosos jardines. Delante de ellos estaba el río donde se estaban bañando las hijas del diablo. Las dos mayores salieron del agua, se vistieron y se convirtieron en palomas. La menor, que era la más hermosa, no encontró sus ropas, pero cuando vio al muchacho, se acercó a él y le preguntó por ellas tres veces.
—A cambio tendrás que casarte conmigo —dijo el príncipe—.
—Así lo haré. Ya sabía yo que vendrías.
La chica se vistió y al momento se convirtió en paloma.
—Súbete conmigo y volaremos al castillo.
Cuando llegaron, el diablo ya los esperaba y le encargó el primer trabajo. Tenía que allanar una ladera y ararla y sembrar trigo y hacerle un pan con el. Y como no lo hiciese así le cobraría la vida. Y él le contó a ella el mandato de su padre.
—No te preocupes, échate en mi falda y duérmete.
Al despertar se encontró con una hogaza de pan caliente. Se lo llevó al diablo y este le dijo:
—O tú eres más diablo que yo o esto es cosa de Blancaflor.
—Pues no, señor; ni soy más diablo que usted ni conozco a la tal Blancaflor.
El diablo enfadado le mandó plantar un campo de vid y llevarle un canasto de uvas esa misma tarde. Pero cuando el muchacho se lo contó a Blancaflor ella le volvió a pedir que se echase a dormir. Al despertar, un canasto de uvas apareció a su lado. Cuando se lo llevó al demonio, este repitió:
—O tú eres más diablo que yo o esto es cosa de Blancaflor.
—Pues no, señor; ni soy más diablo que usted ni conozco a la tal Blancaflor.
El diablo rabioso le dijo que estaba perdido que esta vez se cobraría su vida, quería que le trajese una sortija que le había caído a su tatarabuela al mar.
—Esta vez si que moriré —dijo el príncipe a Blancaflor—.
—Nada de eso, escúchame con atención y haz lo que yo te diga. Tienes que matarme.
—De ninguna manera, eso no lo hago yo por nada del mundo.
—Tienes que hacerlo, sino moriremos los dos, que mi padre ya sospecha. Tienes que coger un hacha y hacerme cachitos. Pero todo tiene que caer al cesto, que no caiga nada al suelo. Y cuando me tengas bien picada tira el cesto al mar.
Él no quería pero, al final, la mató; y la hizo pedazos. Pero no se dio cuenta de que una gota de sangre cayó al suelo. Después se quedó dormido. Entonces ella salió del agua con la sortija en la boca, pero había perdido un trocito del dedo meñique por la gota sangre que se derramó. El príncipe llevó la sortija al diablo que otra vez le dijo:
—O tú eres más diablo que yo o esto es cosa de Blancaflor.
—Pues no, señor; ni soy más diablo que usted ni conozco a la tal Blancaflor. Yo cumplí con lo mandado, cumpla usted y devuélvame mi alma.
—Irte te irás, pero antes te has de casar con una de mis hijas. Escoge a una de las tres.
El demonio  transformó a sus hijas en tres diablesas horribles, con colmillos, cuernos y rabo, para que el muchacho no supiese cual de tres era Blancaflor. La pequeña asomó el dedo meñique y el príncipe la eligió. Así pudieron casarse, pero la noche de bodas Blancaflor estaba inquieta.
—Mi padre querrá matarnos ahora. Tenemos que escapar. Vete sin hacer ruido a los establos y ensilla el caballo más flaco que encuentres.
Mientras tanto ella puso en la cama dos pellejos, uno de vino y otro de vinagre. Hecho esto, abandonó el castillo en busca de su marido, pero este no había hecho bien el encargo; el caballo era tan ruin que creyó que no podría cargar con los dos y ensilló otro. Lo que él no sabía es que el rocín flaco, era un caballo mágico que corría más que el viento. Ya no había tiempo para dar la vuelta así que partieron.
El diablo y su mujer, sin encender luces ni hacer ruido, fueron a la estancia de los novios y clavaron sus puñales en las botas de vino y vinagre, creyendo que eran los cuerpos de los chicos y se pusieron a beber lo que debía ser su sangre.
—¡Puag! ¡Qué mala es la sangre de mi yerno!
—Pues esta es de mi hija ¡qué buena está!
Pero cuando encendieron la luz, vieron con furia que los habían engañado; el diablo salió corriendo y, sin ensillar el caballo, montó y a volar. Pronto les dio alcance porque habían elegido el caballo equivocado.
Blancaflor al llegar a un cruce de caminos, habló a su marido:
—Corre, huye tú, yo le entretendré, a mi no me hará nada porque soy su hija. Yo te buscaré, pero prométeme que no me olvidarás y no te casarás con otra. El príncipe le dio su palabra y marchó a galope tendido.
Volvió a su reino, donde fue recibido por todos con gran alegría. Los días y los meses se sucedieron y con el paso del tiempo se fue olvidando de Blancaflor, y se prometió con una guapa princesa.
El día antes de la boda, cuando paseaba a la orilla del río, se le apareció una culebra que le dijo:
—Soy Blancaflor tu amada, tienes que darme un beso, mi padre, el diablo, me ha hechizado y sólo tú puedes salvarme. Acuérdate de mí, yo soy la que te liberó del diablo.
Y sacó una larga y negra lenguona para que el príncipe la besara, pero este, espantado echó a correr. Y allí se quedó Blancaflor arrastrándose por la tierra, entre las piedras.



lunes, 4 de noviembre de 2013

No dejes nada















No dejes nada
por caminar y mirar, hasta el poniente.
Porque todo en un momento
te lo quitarán.

Salvador Espriu
foto X-C


miércoles, 23 de octubre de 2013

150.000












foto X-C



Para celebrar  las 150.000 visitas a LLOVIENDO PIEDRAS voy a contaros lo que me pasó hoy por la mañana:
Me levanté tarde, o temprano, no se muy bien la hora que era, porque a las dos apagué la luz y a las cinco la encendí, porque los libros se amontonan en la mesita y ya ninguno me interesa, tal vez por lo inútil de las letras o por lo falso de las palabras.
Me levanté y puse el café, vomité y encendí el ordenador. Coloqué la entrada diaria en feisbuk y me fui de casa porque ya no aguantaba más. Empecé a andar, no recordaba lo de ayer, aunque sabía que algo bueno no había pasado.
Caminé en busca de una sidrería lejana. De calles antiguas pasé a bloques nuevos y luego a casas pequeñas y solares y urbanizaciones a medio hacer. Subía por sitios que ya no eran ciudad. Llovía sin parar, de esa manera que me gusta tanto, como si fuese llorando.
Caminaba envuelto en nubes, rodeado de angustias y sumido en un profundo dolor que me desgarraba de los pies a la cabeza. No me importaba seguir andando pero quería llegar a algún sitio. La puta realidad no dejaba ni un gramo de esperanza, todos nos rendíamos y olvidábamos la ilusión (los sueños), dejándonos caer en un egoísmo estúpido y suicida.
Lleno de mugor esta vez no buscaba explicaciones, solo quería distraerme o morirme, porque ya la nausea me había vencido.
El cielo azul plomo, se confundía con el color del asfalto y al doblar una curva vi —me pareció ver— a una chica caer a la carretera. Quedé sorprendido, pero un coche subía a toda leche, así que corrí hacia ella y el coche se detuvo. Me arrodillé a su lado y comprobé que estaba despierta aunque parecía colocada, le quite el pelo de la cara y descubrí sus ojos azules.
¿Estas bien, como estás? le pregunte.
La levanté del suelo para quitarla de la carretera, el del coche ya se había ido. La sujeté con fuerza porque se caía por todos lados. Seguía lloviendo y no había un puto banco donde sentarla.
¿Qué te pasa, como te llamas?
Tenía marcas rojas en el cuello, rayas en paralelo como si se hubiese cortado con una cuchilla gillette GII.
Tranquila, ¿que tomaste?
Una caja de tranxilium 50.
Intentaba soltarse pero se caía, caía a un lado y al otro.
La agarré muy fuerte y la arrastré, buscando un sitio donde sentarla. Me dijo que se llamaba María Jesús, que era de Astorga y que tenía dos hijos. Y que no la querían.
¿Pero no te das cuenta de cómo estás?
Puedo llamar a tus padres.
No tengo padres, él me violó a los ocho años y lo único que me dio mi madre fue el apellido.
No quiero vivir.
¿Dónde vives, a donde te puedo llevar?
Vivo en una casa abandonada en la carretera del Rayo, pero ahora tengo que ir al centro de salud por medicinas.
Déjame, yo puedo.
Y se caía a un lado y a otro, según, no podía sujetarla.
Tenía las manos oscuras, como las manos de una gallina, y las uñas negras.
Alguien le había pegado, tenia un ojo morado. Debía haber sido muy guapa. Pero ahora era una perra mojada, una sombra.
Conseguimos  alcanzar un banco. Se dormía y despertaba exaltada: ¡No quiero vivir!
No quiero vivir.
Llegó un coche de la policía.
Un imbécil de casi dos metros me preguntó que pasaba.
¿No lo ves?
Una yonqui de mierda, dijo.
Llegó la ambulancia y otro coche de policía. Se pusieron a hablar del complemento salarial y de que ya no había manera de cobrar las horas extra.
Ella seguía muy nerviosa y nadie le hacia caso, la ayude a subir a la ambulancia y decía no quiero no quiero, me van a ingresar en el psiquiátrico, quiero morirme, no quiero vivir más.
Seguía lloviendo, aunque no me di ni cuenta, llovía tanto
Me paré un momento en la acera pensado en donde estaba, que hacía allí
Tiré pa rriba
Seguro que encontraría un bar


lunes, 7 de octubre de 2013

Me suena algo de una vez








escultura Federico Granell
foto X-C



Me suena algo de una vez,  de la noche, de un poeta: “la noche es larga y más largo el olvido”.
Ya, menos mal que hay de beber… y mentiras. La noche, el olvido, el olvido, esa gatera donde te escondes asustándome y donde dices que todo el mundo te da patadas.
Ya lo decía Julio Iglesias:
Toda esa melaza que decía, sus palabras horteras y ahora ni tan siquiera te atreves a soñar, no quieres apagar la luz.
Me tumbo vestido en la cama y miro al techo y lo más duro es que no recuerdo pienso sueño contigo mujer.
Miro el techo de la habitación, el estucado, las veces que lo pinte y en las veces que no dormí pensando en ti, mirando la lámpara del ikea y en como las polillas se van adueñando de la habitación (de la madera, de la situación).
Acostarme es una tortura, desnudarme sin ti es como si me metiesen en la ruleta de los pollos asados (siempre das vueltas). Y te dije te quiero el pollo gira esperando algo, el amanecer, cuando suena la persiana y yo recuerdo como la puerta se cierra y el miedo ese miedo a que no vuelvas a que no me quieras a que no me digas nunca más: te quiero, el amor todo eso eso que espero
Pienso en ti
Y como podría hacer para amarte
He recorrido tu piel en noches de esperanza
Te he dado palabras
Listas de caricias y de besos
Ahora veo cerrados los cajones de los recuerdos
Las noches y los besos
Escenas americanas (de todas esas películas) (de todos esos sueños)
Canciones en inglés (aunque todo eran golondrinas que no volvían)
Pero mi corazón ladra como un perro walk on the wild side
Y todas tus palabras
Vacías
Y tu boca
Sin sabor
Sin muerte
Sin vida

¿A quién imploro yo?

martes, 24 de septiembre de 2013

La ducha














Roxana Popelka.- La ducha

A veces,
como hoy,
confundo
Birmingham con Madrid,
Birmingham y Londres,
Londres con Madrid,
Madrid y Estambul.

Hay días,
a veces,
que me gustaría
ignorar mi pasado.
Nada indecente, nada.
Una mancha en la pared, por si acaso,
y saltar en la cama
como Tracey Emin,
la Young British Artist
que dice en una entrevista:

"Soy una alcohólica,
neurótica, psicótica,
soy una quejica obsesionada
conmigo misma,
pero soy una artista".

Mientras tanto Tracey sostiene
un buen puñado
de billetes en su entrepierna
y titula su obra
Lo tengo todo.



martes, 10 de septiembre de 2013

Parángelas















imagen Rocío Pinín



Siempre me gustó este cuadro, desde el el primer día,  desde la primera exposición y ya había pasado por que lo vi arriba, en en el almacén donde la galería guarda los cuadros, uno de cada se queda la sala. Pero siempre me gustó ver esas mujeres volando con los paraguas: siempre me gustaron los paraguas, desde niño cuando iba a la escuela; recuerdo jugar con las ratas al hockey, cuando llovía mucho esperábamos a que saliesen de las alcantarillas y las golpeábamos con fuerza,  siempre me gustaron los paraguas. Pero esta noche necesito algo más que mujeres voladoras, brujas a fin de cuentas, o mariposas o metamorfosis de pájaros de Hitchcock. Sólo tengo que andar por la calle para verlas volar, son los recuerdos de mi madre, de mi abuela, los rincones de todas aquellas mujeres que me decían cosas (y yo no les hacía caso) cuando era niño. Todas ellas que estuvieron en mi primera comunión,  mis tías, las hermanas de mi abuela, las amigas de mi madre, todas ellas. Yo estaba allí, un poco como volando, supongo que era así porque el cura me había dicho que iba a ver a Dios, y yo con mi traje blanco y mi hermana de novia y mi padre contento, todo era... de película.


martes, 3 de septiembre de 2013

Las voces de Marrakesh














Elias Canetti publicó Las voces de Marrakesh en 1967, pero este libro fue escrito sobre las notas del viaje que en 1954 realizó a Marrakesh acompañando a un equipo de rodaje inglés, apenas dos años antes de la independencia de Marruecos.
Canetti era un spaniol educado entre Suiza y Austria, un sefardí nacido en 1905 en una ciudad, entonces turca y ahora búlgara, a orillas del Danubio. Empujado por la historia recorrió Europa con su familia y aprendió a ver lo que había dentro del paisaje, dentro de las ciudades; así se forjó un increíble contador de historias. Cuando llega a Marrakesh en 1954 ya es un gran literato que había empezado a pergeñar en Viena, en 1930, lo que él llamaba “una comedia humana de la locura", donde quería escribir "un texto riguroso y despiadado conmigo mismo y con el lector. Me hallaba inmunizado contra todo cuanto pudiera ser agradable o complaciente, la literatura vienesa de entonces me daba asco."
En ese momento "el mundo no podía ya ser recreado como en las novelas de antes, es decir, desde la perspectiva de un escritor; el mundo estaba desintegrado y sólo si se tenía el valor de mostrarlo en su desintegración, era posible ofrecer de él alguna imagen verosímil."
Había aprendido de su madre lo que era la vastedad, "poder abarcar todas las cosas y tan contradictorias, el que lo aparentemente incompatible pudiera ser válido al mismo tiempo."
En su obra capital, Auto de fe (1936), no hay sentimentalismo, sólo están los retratos de una sociedad que podemos ver en los cuadros de Grosz, Kirchner, Dix o Schile, la pesadilla de como el capitalismo imperialista degenera en una feroz vorágine de muerte y destrucción.  "La masa domina nuestro siglo, ese es mi proyecto: conocer y comprender la masa."
“Y tú, ¿qué haces?” le preguntó su millonario tío Salomón un día que coincidieron juntos en una boda, y él respondió: “Elias Canetti, Elias Canetti, Elias Canetti.” Esa fue la cantinela que le dio valor para vivir con un principio: “El dinero no tiene valor.”
Cuenta Canetti que nada le ocurrió mejor en la vida que descubrir La metamorfosis de Kafka: "Ahí encontré, en un grado de perfección sumo, la contrapartida de aquella ausencia de compromiso total con la literatura, que tanto odiaba" (Amén).


Tras la independencia de Marruecos en 1956 y hasta el año 1961, 25.000 judíos emigraron del Reino Alauita, pero tras La Guerra de los Seis Días, en junio de 1967, más de cien mil judíos salieron por Ceuta y Melilla hacia Israel, igual que él tuvo que escapar de Viena en La Noche de los Cristales Rotos en 1938; 40.000 de esos judíos eran de Marraquesh.

Un contador de historias es Canetti en este viaje, en el espacio y en el tiempo, al África colonial. Asombrado por lo que ve quiere narrar lo inmediato, lo que despierta sus sentidos, para eso utiliza la sencillez: "Los buenos viajeros son despiadados", así encabeza el libro.
Hombres y mujeres iguales en todas partes, cambia el paisaje, el clima, hasta la raza o el siglo, pero el hombre es el mismo: "La tenacidad de un tonto es inquebrantable"; o como dijo Graham Greene, por boca de Fowler, en la desoladora El americano impasible (1956): “No hay nada peor que un tonto, ni tan siquiera un malvado, por que este al menos descansa de vez en cuando.”
La miseria saca a la luz la humanidad, en el norte de las valquirias los subhombres eran exterminados con precisión matemática, en el sur, al borde del desierto, en Bab-el-Khemis, al otro lado de la muralla, está el mercado de camellos, allí llegan los animales tras su larga travesía por las dunas portando la mercancía de las caravanas, cuando consiguen llegar a casa son premiados con su garganta abierta de par en par, al sol naciente; ya estaba escrito en la puerta de Auschwitz, “El trabajo os hará libres”.


Cuando yo estuve en Marrakesh, en el barrio judío de Melah, un adolescente nos prometió enseñarnos el cementerio a pesar de que ya estaba cerrado. Nos guió desde la plaza de Xemaá El Fná por un laberinto de sombras mientras el sol permanecía en lo alto. Le di unos dírhams y entramos en una casa grande de paredes encaladas, casi un almacén, y nos encontramos en medio de un gimnasio con un ring en el centro donde se pegaban dos chicos, mientras otros muchachos golpeaban remendados sacos de arena que colgaban del techo y otros saltaban descalzos a la comba. El olor aun era más fuerte que el de las calles, llenas de comino y excrementos. Nos subimos a un banco de madera, para poder mirar por la única ventana que había en aquella pared, ya gris y decorada con los póster de Mohamed Ali y Samantha Fox. Desde allí pude ver el cementerio judío, las tumbas se suceden como ampollas de viruela, como protuberancias de muerte se extienden bajo el sol del desierto.
"El cementerio parecía una gigantesca escombrera, un paisaje lunar de muerte. Se amontonan ahí como basura y desearía uno salir huyendo de allí raudo como un chacal. Es el desierto de los muertos sobre el que ya nada crece; el último, el desierto póstumo.”













fotos X-C


martes, 27 de agosto de 2013

Tanto tiempo recto, largo y estrecho
















Tanto tiempo recto, largo y estrecho.
Si, acabado, como el ladrido de un zorro
Como un beso de los tuyos
como un polvo en la playa con tu chocho lleno de arena
Y todas esas malditas cosas,
esas cosas que no me dices,
que no me haces.
Que me haces sentir cuando no me hablas
cuando tan solo no me miras
Y luego al despertar solo tengo la almohada
Otras noches me levanto antes o no se cuando me acuesto,
tal vez no tengo oídos ni voz, ni carne, ni esperma,
tan solo eso que no me das,
recuerdos que no tuvimos,
y sueños que jamás tendremos.


jueves, 15 de agosto de 2013

Drácula de Bram Stoker














En 1897 Bram Stoker (1847-1912) publica en Londres, Drácula, el mismo año que Rudyar Kiping (1865-1936) escribía su poema El vampiro inspirado en un cuadro de igual nombre y fecha de Philip Burne-Jones (1861-1926). El escritor irlandés había sido el crítico literario del Dublín Evening Mail, periódico propiedad de uno de los más grandes escritores de cuentos de terror, Sheridan Le Fanu, que ya en 1872 se había anticipado a Drácula con Carmilla, una vampira lésbica (llevada al cine por Dreyer como Vampyr en 1932).


Pocos días antes de publicar la novela, para asegurarse los derechos de autor, Bram Stoker dirigió una lectura de la obra con un grupo de actores en el teatro que dirigía, el Lyceum Theatre de Londres. Así en 1922 cuando Murnau quiere adaptar al cine la novela se encuentra con la negativa de la viuda y albacea literario de Stoker. El genio alemán, cambia los nombres de los personajes y las ciudades y el título de la obra, que bautiza como Nosferatu, de todas maneras, Florence Balcombe, la mujer que había dado calabazas a Oscar Wilde para casarse con Bram Stoker, demandó a la productora alemana por infracción de los derechos de autor. Ganó el juicio tres años después, llevando a la quiebra a la empresa teutona y ordenando el tribunal la destrucción de todas las copias de Nosferatu, pero la película ya había sido distribuida por todo el mundo y algunas cintas permanecieron ocultas hasta la muerte de Florence (1858-1937).


Drácula es adaptada, bajo la supervisión de la viuda, para el teatro en 1924 y es estrenada con gran éxito en Londres y tres años después en Broadway, siendo el conde Drácula encarnado por un actor nacido en Transilvania, Bega Lugosi. Tras permanecer un año en cartel en Nueva York y dos años de gira por todo Estados Unidos, rompiendo todos los records de taquilla en la historia del teatro norteamericano, la obra es llevada a la gran pantalla   por Tod Browning para la Universal, donde la aparición en escena de Lugosi crea el icono de un Drácula aristocrático y seductor. Algo que no hubiese sucedido de nos ser por la muerte, antes de empezar el rodaje, de Lon Chaey, El hombre de las mil caras, Cuasimodo, El fantasma de la opera o El hombre lobo; el elegido por Browning habría creado un personaje más cercano al Nosferatu de Max Schreck.