martes, 26 de febrero de 2013

Nuria y Héctor. Detrás de la verdad



















—No se me ocurre nada, no sé sobre qué vamos a escribir esta vez.

—Natalia me ha dicho que nos va a mandar unas fotos en la barra de un bar.

—Eso ya me lo has dicho, pero ¿de qué vamos a hablar?

—Podemos hacerlo sobre lo mal que está todo, de lo difícil que es llegar a fin de mes, de los embargos.

—Estoy harto de política, creo que deberíamos hablar de los personajes, de sus problemas personales.

—Pero ¿es que acaso no son problemas el que no les alcance el dinero, que tengan sus empleos en el aire?

—Sí, aunque los periódicos y las radios ya nos saturan con la crisis, hay que buscar algo distinto.

—Podemos hablar del meteorito, de que ya no estamos siquiera seguros de que el cielo no se desplome sobre nuestras cabezas.

NURIA: Me gustan los bares donde no te conocen, donde hablas sin preguntar nombres ni apellidos. Donde das tu opinión y listo.

HÉCTOR: También me gustan los bares donde todo el mundo se conoce, que estás como en casa y hasta puedes ir en zapatillas.

N: Demasiada confianza, necesito intimidad. ¿A quién esperamos porque está claro que esperamos a alguien, no?

H: Dijeron que pasarían por aquí, pero no sé, es tarde

N: Mejor nos vamos ya.

H: Vamos a esperar veinte minutos más y nos vamos. 

N: Se hacen de rogar.

H: Todos nos hacemos de rogar, no seas impaciente.

N: No si a mi me da igual, mientras puedo leer una revista de tendencias. Todos los periódicos hablan de lo mismo.

H: ¿Qué es lo que dicen hoy?

N: ¿Te imaginas cómo fue la primera glaciación, cómo desapareció el Imperio romano? ¿Crees que todo esto es la antesala del fin?

H: ¿Del fin?, por favor no seas apocalíptica.

N: ¿Y si mañana nos cayera un meteorito?

H: Estás un poco nerviosa. Ya sé que no es fácil, pero no tiene sentido pensar en fatalidades.

N: No ves que trato de pensar qué pasaría si me echaran del trabajo; qué haría, adónde iría, tendría que volver a empezar desde cero.

H: Haríamos como los colonos, buscar nuevos territorios más allá de los mares.

N: Nadie nos ha enseñado a empezar de cero.

H: Es como cuando borras con una goma un esquema que no sirve.

N: Estás intentando ser positivo, ¿es eso?

H: Estoy intentando mantener la cabeza serena, ¿qué sentido tiene derrumbarse?

N: Te das cuenta, estamos ocupando los puestos de los de treinta y ahora tendríamos que estar viviendo sin preocupaciones por el dinero, sin agobios.

H: Ahora lo llaman eufemísticamente reciclarse.

N: ¿Reciclarse? lo que pasa es que sobramos.

H: Mira qué tranquilidad, aquí en la costa parece que no pasa nada.

N: Mañana vendrán más gaviotas y se posarán en el mismo sitio.

H: Pero el mar estará distinto, como el río de Heráclito, eso lo cambia todo.

N: Cambia el escenario pero nosotros seguimos con la incertidumbre.

H: Estás muy negativa hoy.

N: ¿Crees que podemos estar seguros de algo? no sé siquiera si me despedirán mañana, hasta nos puede caer un meteorito encima.

H: No seas exagerada, la tierra va a seguir girando.

N: Díselo a los de Chernóbil, o a los que se envenenan con pastillas antes de que los echen a la calle.

H: Siempre fue así, siempre hubo ricos, ladrones y pobres. La tristeza es ver cómo han destruido la educación para tener al país en sus manos.

N: Como cierre la clínica no sé que será de nosotros.

H: Pues yo que estoy de interino, no quiero ni pensarlo.

N: Tanto trabajar para esto.

H: No te agobies, piensa en otra cosa.

N: Vamos a construir un castillo de arena, algo sencillo

H: Vamos a tomar algo, ¿qué te apetece?

N: Una tónica, no me gusta el alcohol.

H: Pues es una medicina mágica.

N: De magia negra: Días de vino y rosas.

H: Es lo único que funciona en España, los bares.

N: Sí, pero a costa del trabajo esclavo de los camareros: de sol a sol.

H: Sol y toros, bares y fútbol; eso es España.

N: Pásame el periódico, anda, que me aburro.

H: Podrías hacerme un poco de caso.

N: Mientras tú miras el partido, yo prefiero leer la prensa, a ver qué escándalo toca.

H: ¿Qué vamos a hacer hoy, te apetece comer fuera y luego vamos al cine?

N: No te enteras, estamos en crisis y no se puede gastar. Comemos en casa y luego vemos una película en la tele.

H: Ya, ya lo sé, pero es que a veces te dan ganas de actuar como si no existiesen los problemas, sobre todo cuando no eres tú el que los crea.

N: Además acuérdate que hemos quedado para cenar con Rosa y Jaime.

H: No sé, puede que no quiera ir, que me de pereza. Ese rollo de las cenas de pareja…

N: Ya, tragar las gambas y
mancharte la camisa de mahonesa.
Mirar si colocan los codos sobre la mesa,
o no.
Si saben secarse bien la boca con la servilleta,
si vienen arreglados
o han tenido un mal día;
un día de esos —como últimamente tenemos todos—
donde te avergüenzas de haber nacido en este país
¿No te pasa?
que miras el telediario, o
lees la prensa
y piensas
¿es aquí donde nací?
No puede ser verdad.
Me asquea,
y luego
por la radio
dan consejos
para animarte:
venga, piense en sus hijos,
en su futuro:
¡hay que levantar el país!
Yo qué sé.

H: Prefiero ver partidos en el bar y no tener que aguantar al novio de tu amiga y sus modales, su egoísmo y la dominación a que la tiene sometida.
No sé por qué
pero a veces no me apetece ver a nadie,
aunque sea viernes
y haya que estar alegre
porque sí.
En el fondo salimos de la fábrica
igual que en la revolución industrial
y necesitamos socializar
con el prójimo
para no caer en un monótono
fin de semana.
Yo no quiero ver a nadie,
no lo digo deprimido
lo digo riendo,
lo digo feliz.
No quiero mancharme la camisa
con una salsa de esas tártaras,
ni tener que pasarme la noche
contando anécdotas de la semana:
no tengo anécdotas,
ya no.
Ya no tengo ganas de contar.

Y yo, no quedé en nada.

N: Pero te lo comenté.

H: Pero si él te cae peor que a mi, además luego te quejas de que se pasó la cena mirándote el escote.

N: Lo hago por ella, quiero sacarla de esa relación.

H: ¿Qué la vas a salvar?, ¿no crees que ya es grande para cuidarse sola?

N: Creo que sólo está con él por el sexo, hacía mucho que no tenía una relación continuada y lo necesita.

H: Entonces para qué vamos a ir a cenar, mejor una cama redonda.

N: No te pases. A veces es sólo eso y ya está.

H: Pensé que este rollo de las cenas de parejas no tenían que ver con nosotros, que lo nuestro era distinto y que ya estábamos de vuelta de estos tópicos. Las cenas de parejas es de lo peor.

N: ¿Y qué quieres, que nos miremos el ombligo?, me gusta el intercambio de opiniones. Es muy básico lo de llegar a casa con ese sabor de que eres mejor, eso sube el ego.

H: Pues yo no me comparo con nadie, prefiero hablar con los parroquianos.

N: Sabes perfectamente que en el bar eres superior a todos porque ganas en las conversaciones más triviales y quieres ganar en todos los modelos.

H: ¿Qué has dicho, triviales o tribales?
¿Y Rosa por qué se separó de Toño si era muy simpático?

N: Porque le ponía los cuernos y luego le contaba que hacía horas extras. Se dejó engañar varias veces pero a la cuarta o quinta ya no aguanto más.

H: Y ahora ella se resarce inmolándose con un macho de manual. No hay quien os entienda.

N: Tampoco entiendo yo qué veis en veinte tíos persiguiéndose por el pasto, o por qué os quedáis alelados cada vez que os sonríe una rubia.

H: Jamás dejamos de parecer un dúo extraño.

N: Detrás de la verdad…

 
La discusión se tornó en lanzas y el ruido de la televisión y las máquinas tragaperras nos impidió oír las palabras que se dijeron, a fin de cuentas se querían y todas aquellas cosas aún no tenían importancia. El tiempo salpicaría las vidas, pero no sería en esta historia, todavía quedaba mucho trecho por recorrer.

Imagen Natalia Pastor
Texto Roxana Popelka y X-C

sábado, 16 de febrero de 2013

Es la segunda vez que pienso en la muerte











foto Nan Goldin



Es la segunda vez que pienso en la muerte.
Antes nunca había pensado en ello, bueno si, pero de una manera filosófica o literaria, como una aprehensión metafísica, no como el hecho fisiológico.
Supongo que el paso del tiempo hace que uno lo vea más cerca, no como una fantasía, sino como algo cercano y real.

No me refiero a que pasará después, tal vez me refiera a si dolerá, si me daré cuenta.
¿Tendré miedo? ¿Qué les diré a mis hijos? ¿Pensaré en mi madre y en mi abuelo, pensaré en algo o sólo tendré miedo? Sé que muchos lo tuvieron antes, muchos que eran valientes o al menos lo parecían.
Cuando todo se acabe, ¿será como cuando apago el vídeo y la película se detiene? Antes no quería apagarla y marchaba corriendo al baño como si la estuviese viendo en directo, algo que no se puede detener. Ahora puedes dejarla para mañana mientras comes. Sólo hay que darle al play y los actores se vuelven a mover, se encienden las luces.

¿Notaré cuando me metan en el horno y arda el fuego? Ya sé que sólo son unos segundos pero… ¿qué pensaron los judíos o ya creían que estaban muertos? Y luego, cuando sólo sea cenizas, ¿seguiré sintiendo? ¿Sentiré cuando me recojan y cuando me metan en una urna como si fuese un celta? Y cuando lo que quede de mi familia me lleve a puerto y me tire al mar, ¿sentiré algo entonces? Sentiré como las cenizas, el polvo minúsculo de mi cuerpo es llevado por el viento y luego flota en el mar antes de hundirse. ¿Tan siquiera oleré el mar, me vendrán los recuerdos que me invaden ahora, cuando al salir de casa, me llega con el nordés el aire del mar de mi infancia?

¿Y tú que pensarás, ni tan siquiera estarás allí, acaso ya no seamos amigos, ni tan siquiera amantes? ¿Llevarás tú las cenizas, serás lo último que note el roce de mi piel pulverizada?

Cuántas cosas dirán,
dirán alguna cosa,
¿quedará alguien que se acuerde de mí?
Te acordarás tú
o cuando te lo cuenten
Sólo dirás: Ya pasó.

¿Cuánto tiempo me queda, cuantas veces podremos volver a hacer el amor?
¿Cuantas veces despertaré asustado en la pesadilla y te abrazaré a mi costado?
Cuantas veces volveré a verte caminar por la casa cerrando las puertas de las habitaciones para que no salga el calor y recogiendo los libros que se van posando por toda la casa…

Y cuando despierte, esa vez, ya no habrá nadie, estaré tan solo como cuando llego a casa y enciendo la radio, como cuando me pongo los cascos en el autobús o cuando me hablan en el bar y no sé que coño me están diciendo.

Daré todos los pasos hacía allí, todos, uno tras otro y no olvidaré ninguno, no me llevaré un bocadillo, ni una chocolatina, como cuando iba a la escuela. Tampoco tendré que tomarme una copa tras otra para no tener miedo, ni esperaré a hablar a toda prisa como hacía mi madre cuando estaba nerviosa.
Tampoco se, si cuando me cierren los ojos —si es que alguien me los cierra— me quedaré mirando a través de los párpados como hacía mi abuelo cuando lo vi irse.

Hubo otras veces que estuve cerca de ti (de Ella) pero fueron horribles, sólo quiero olvidarlas, aunque nunca se van, sólo tengo que decir el nombre de cada uno para que vengan a mi mente. La foto de su cuerpo estirado y gris, y todo lo que había detrás de la puerta. Sentiría como se habían ido y como no quedaba nada. Se quedaban fríos y todos empezaban a hablar, pero ya no quedaba nada de ellos, aunque todos hablasen todo el rato y dijesen cosas, cosas que tal vez, ni tan siquiera hubiesen pasado. Todos hablaban de ellos y de cómo habían sido, pero yo no oía nada, sólo recordaba el sonido del pijama (de las ropas cuando las cortaban las tijeras) y el peso sobre las sábanas al darle la vuelta para ponerle la ropa.
Todos esos recuerdos llenos de vida, esperan otros actores.

¿Qué piensas tú, piensas alguna vez en esto? ¿Has visto muchos muertos? ¿Crees que seremos distintos, que no nos pondremos grises y que la gente no tendrá que estar parada en el tanatorio y que no querrán ir corriendo a la barra de la cafetería para tomarse dos copas o un café, para escapar de todo ese olor que ahora, entonces, será el mío?

¿Tú crees que podrás soportar todo eso?
No sería mejor que nos escondiéramos, ¿dónde podríamos escondernos de la muerte?
¿Te acuerdas de la risa que daba cuando llegaba con los leotardos y el verdugo negro, enarbolando la guadaña en El séptimo sello?  Avanzaba a la orilla del mar, sobre los cantos rodados y el caballero era Max von Sydow. Le decía que esperase y la retó a una partida de ajedrez. Era una muerte culta, muy fría, era danesa o noruega pero no parecía vikinga, ni bárbara. Era una muerte muerta, muy seria como si fuese del Opus o un portero del barrio de Salamanca.

¿Cuándo te lleven al cementerio en que pensarás, en las nubes de algodón de las ferias o en la primera regla? ¿En los regalos de reyes o en el primer chico que dejaste?
Y luego, por el camino, te acordarás de tu padre o de alguien que querías, o sólo pensarás en ti y en qué tendrás que hacer mañana y en cuantos días te quedan.
¿Creerás que hay un resquicio de esperanza y que aparecerá san Pedro con las llaves en la mano?
¿Tendrás todas las cosas hechas o creerás que has dejado algo por hacer? ¿Te acordarás de mi, querrás que sea yo el que te cierre los ojos, querrás que  te guarde en un jarrón donde la televisión?
Todos los días que faltan, ¿pensarás alguna vez en ello?
¿Alguna vez tienes sueños y sueñas que te mueres o que estás muerta o que te hablan los muertos?
Tendrás todavía algo que darme, o ya todas tus imágenes serán para tu infancia (para tu madre, para cuando eras pequeña).

¿Te dará vergüenza cuando te desnude y te corte el sujetador con unas tijeras, cuando te quite las bragas y caigan al suelo como un pañal mojado? ¿Soportarás que te bese y que acaricie tus pechos por última vez?

Crees que acertaré con la ropa o estaré confundido como siempre y el bolso no conjuntará, o conjuntará demasiado; y tendré que pintarte los labios con esa barra roja que tanto me gusta y te perfilaré con mis dedos las cejas, y te daré un poco de color en los parpados y luego te besaré suave, despacio, los dos ojos; te cogeré las manos, ya frías y duras, como si no fuesen tuyas, meteré cada una por su manga, después de haber cortado el vestido por atrás, y luego cuando ya estés vestida, aunque no pueda ponerte los zapatos, tendré que peinarte, recoger tu pelo, o tal vez, mejor, lo dejo caer sobre la cara. ¿Quién sabe que haré? ¿Acaso sé si querrás estar conmigo, que sentirás esa noche y a quien darás tus sentidos? O tal vez sólo te iras sin pensar en nada, con la sorpresa en la cara, porque no creías que iba a venir de golpe.

¿Y yo que haré? Acaso podré nada, tan solo me echaré sobre ti y lloraré, o al contrario me quedaré quieto y retrocederé, me pegaré a la pared y cerraré los ojos para no correr.

¿Quién me dirá otra vez lo que tengo que hacer, aunque esta vez ya lo se,  y tendré que volver a vestirte mientras te hablo y te digo: Porqué nunca quieres comprar ropa… y porqué no me diste un beso ayer… y como pasó el tiempo… y…

domingo, 10 de febrero de 2013

Gates






















Rodrigo Martin (La Felguera, 1986) avanza entre brochas intentando abrir las puertas de una expresión propia.

El primero en utilizar la escritura automática (bajo las influencias de Freud) fue Apollinaire. También fue el creador del término surrealismo en 1917. Era necesario rechazar el pasado que había engendrado el monstruo de una Guerra Mundial, hacía falta algo nuevo, una vanguardia donde lo importante no sería el estilo, sino la actitud.
Maurice Denis: «El arte ya no es una experiencia puramente visual que podemos registrar simplemente, ni tampoco una fotografía de la naturaleza, ni siquiera una fotografía especialmente sofisticada. No, el arte es una obra de nuestro intelecto, una obra que solo ha sido desencadenada por la naturaleza. Más que trabajar a través de los ojos, concentramos nuestro estudio, como dijo Gauguin, en el centro silencioso de la mente. Esto es lo que proponía Baudelaire, pues de esta manera la imaginación se convierte de nuevo en la reina de nuestras fuerzas y liberamos a nuestra sensibilidad.»

En la década de 1910, Robert Delaunay convirtió el color en el tema principal y lo utilizó para componer el cuadro, dándole ritmo y movimiento. Tomó el espectro cromático como si fuera una escala musical aplicando a la práctica la teoría especulativa del color de Chevreul y su doctrina de los “contrastes simultáneos”, creando una poesía pictórica lo que Apollinaire llamó “orfismo”. El resplandor de los colores del arco iris invadió toda su obra. El cubismo abstracto fue el nombre que él le puso y con él llegó a la plena abstracción.
Vasily Kandinsky utilizó la teoría del color que partía de Newton, la teoría de la luz, la cosmología, la morfología y la mecánica quántica. Era un tiempo en que la fotografía y las nuevas técnicas de reproducción empezaban a ser utilizadas por los artistas, pero no se abandonaron las investigaciones de los románticos, como Turner, que siguieron la teoría del color de Goethe y la búsqueda de una correspondencia entre la pintura y la música, el color y el sonido. La psicología y el psicoanálisis fueron más importantes para los surrealistas, pero fue Kandinsky el primero en investigar todas estas relaciones tanto como artista que como teórico. Se convirtió en el líder del grupo de Munich El jinete azul. De esta manera el expresionismo alemán comenzó una segunda fase, ya no intenta cambiar el mundo a través del arte como habían hecho los pintores del Die Brücke de Dresde. Esta idea la expone Kandinsky en su ensayo de 1912 De lo espiritual en el arte donde explica que el mundo de los colores y las formas surgía de las profundidades del alma, como la música. Dice que «aunque el proceso de ordenar los colores y las formas en una composición sea racional y necesario, el origen de los medios y la actividad del artista es subconsciente».

La llegada de los surrealistas a Nueva York durante la II Guerra Mundial, fue el detonante para el surgimiento del expresionismo abstracto. El artista que consiguió enlazar ambos movimientos fue Arshile Gorky (1904-1948). Arribó a Estados Unidos en 1920 huyendo del Genocidio armenio. Su obra producida en unas condiciones de extrema pobreza, avanza desde el surrealismo detallista de Magritte y Dalí, hacia el estilo biomórfico de Miró o Tanguy, en el que las formas se limitan a insinuar semejanzas con objetos reales. Este fue el camino que siguió Gorky, influido por las obras de Roberto Matta y André Masson. Gorky fue el pintor surrealista más importante de los Estados Unidos y su idea de una “dinámica continua” será la base del expresionismo abstracto y sobre todo de la obra de Jackson Pollock (1912-1956), un personaje atormentado y lleno de dudas que estrelló su camino en alcohol.
«Cuando estoy en el cuadro, no me doy cuenta de lo que hago. Y es sólo después de una especie de período “de ponerme al tanto” que veo lo que he estado haciendo. No me preocupa hacer cambios, destruir la imagen, etc., porque el cuadro tiene vida propia. Trato de dejar que esa vida salga a superficie. Sólo cuando pierdo contacto con el cuadro el resultado es un caos. Si no, lo que resulta es pura armonía, un fluido intercambio, y el cuadro sale bien.»
Una de las consecuencias de este método de trabajo fue el hecho de que cambiaba completamente el tratamiento del espacio. Sus pinturas no son planas, crea un espacio ambiguo. Los ritmos entrecruzados de Pollock tienden a sugerir un progreso espacial a lo largo y ancho del lienzo, más que directamente lienzo adentro, pero ese movimiento queda siempre controlado y acaba por volver hacia el centro, donde está el peso principal del cuadro. Esto refleja su sistema de trabajo, y tendrá importantes consecuencias. Pollock es un artista tremendamente subjetivo, para él, la realidad interior es la única realidad.

El manchismo de Pierre Soulages estaba marcado por manchas expresionistas realizadas de una manera rápida y espontánea. Utilizaba largas pinceladas negras sobre fondos claros, a fines de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta. Para él, la abstracción solo era el medio para explorar su interior, sus pensamientos y sus sentimientos que le transmitían impulsos al lienzo.
Franz Kline trabaja con pinceladas intensas y controladas que recuerdan a los sinogramas orientales, a una caligrafía gestual y enérgica, en la que se nota el proceso de la pintura.
En los ochenta Sean Scully llena los cuadros de rayas intentando mantener la primacía de la abstracción sobre la figuración. Lo repite en sus series donde busca llenar el cuadro de sentimiento y emociones.

Partiendo de lo figurativo, de eso que se ve, de lo que Rodrigo llama “una realidad falsa”, la pintura evoluciona hacia formas cada vez más alejadas de la realidad formal donde “prima el concepto de que frente a la reproducción, la creación, y frente a la cosa, toma mayor importancia la idea”.
Bloques y franjas de pintura negra se superponen entre si creando una especie de entramado de bandas planas que dominan la imagen. La fuerza del negro es resaltada por el contraste de los otros, pocos, colores que intentan salir del fondo. Las pesadas formas lineales negras son casi amenazadoras, parecen formar rejas o jaulas que nos aprisionan.

Igual que Tony Tuckson en los setenta intenta plasmar el color de la tierra australiana en Blanco sobre rojo y azul donde grandes pinceladas blancas actúan sobre un fondo azul y ocre oscuro, las rayas blancas recuerdan las lápidas aborígenes de arcilla sobre el polvo rojo de la isla. Así el negro del carbón y las cruces y los castilletes de los valles mineros, con el rojo del orín de la metalurgia. Un paisaje en descomposición.

Rodrigo Martin busca lo “esencial”, esa idea, esa sensación, ese recuerdo. Como eran las calles y la lluvia cuando iba a la escuela, la emoción de llegar a casa, los amigos, ese saber que todo está en su sitio, que nos tranquiliza y a la vez nos anula convirtiéndonos en prisioneros del valle. El negro, como las escombreras, como esa lluvia impenitente y el rojo del grito, de la rebeldía, apenas un gesto. Un sueño o una pesadilla, recuerdos…



domingo, 3 de febrero de 2013

Nuria y Héctor. En la cama



















HÉCTOR: A veces pienso que no me quieres, que todo esto es una fantasía donde yo sólo soy una sombra.

NURIA: ¿Y qué puede hacer el otro para sacarte esa idea suicida?

H: Cuando estamos juntos, como ahora, no necesito pensar nada.

N: Ya, dejas la mente en blanco sin necesidad de clases de yoga; eso está bien. Nadas a corriente de la nueva ideología oriental.

H: Según pasan los días voy descubriendo las cosas, van surgiendo sentidos que estaban muertos.

N: A veces, cuando dices esas cosas, me das miedo, como si estuvieras poseído por un cuerpo extraño.

H: Tal vez tanto pensar me haya hecho idiota.

N: No seas extremo, no estoy acostumbrada a que expresen los sentimientos con tanta solemnidad.

H: ¿Piensas que solo estoy aquí para acostarme contigo?

N: Tampoco es eso, no lo pienso, pero a veces eres tan rollito espiritual que me descolocas.

H: Me gusta acariciarte detrás de las rodillas.

N: Sí, me haces cosquillas. Son partes del cuerpo que tenía atrofiadas.

H: ¿Crees que el sexo nos hace libres, o es una atadura más? Siempre pensando en si le gustará al otro o si llegaré al orgasmo.

N: Nos hace dependientes, y eso incluso hablando de una trayectoria sexual satisfactoria.  

H: Y toda esa gente que renuncia o niega la sexualidad, ¿Qué la ve como algo pecaminoso? Ahora con la cantidad de información que existe es increíble que aún no sea algo positivo.

N: Pero falta el sentimiento, la sinceridad, todas esas propuestas que aparecen en los libros de psicología y que creemos que cumplimos a la perfección.

H: ¿Te das cuenta de lo importante que eres para mi y que no cambiaria este instante por ninguna otra cosa?

N: Pero ocurre que nos autoengañamos, sí, lo creo, los hombres y también las mujeres. El autoengaño es algo cotidiano.

H: Cómo me gusta que me acaricies así, despacio.

N: El origen está en la infancia, en un conflicto edípico no resuelto.

H: Muchas veces tengo miedo, pero a tu lado me siento distinto.

N: Lo llaman miedo al perder el confort materno, he leído algo y en el origen de todo, por lo visto, está el pensamiento freudiano, ¡qué sería de nosotros sin Freud!

H: ¿Crees que saldremos de esta, crees que encontraremos un sitio?

N: Es el miedo al poder fálico lo que a ti te pasa.

H: Ya sé que mañana sonará el despertador, pero ahora es como si estuviese en la cima del mundo.

N: Yo creo que en este tema, en el sexo, la mayoría está tratando de adoptar la posición del héroe; pero todo son ansiedades.

H: Todas esas caricias me están despertando.

N: Sabes que una cosa es leer a Freud y otra a Lacan porque tenían opiniones distintas respecto a la fase edípica.

H: ¿Crees que todo esto es sólo química? ¿No crees que existe algo más, que la sensación que tengo cuando estoy a tu lado es algo más que endorfinas?

N: Aunque el conflicto, como tal, aparece cuando interviene la figura del padre; es el miedo a la castración. 

H: Deja, no digas nada (Pablo Abraira).

N: En el festival de Sundance se acaban de estrenar un montón de películas que hablan de sexo. Yo creo que es por la crisis, nos hace reflexionar sobre nuestras relaciones íntimas.

H: Es difícil hablar de sentimientos, a mi me pasa.

N: A mi ya no tanto como antes. Al final, a todos nos preocupa lo mismo. El sexo también: es universal.

H: Pero casi no hablamos de sexo.

N. Ya, y mira que lo intento contigo. No sé qué te pasa.

H. Es que me siento como si hiciera terapia.

N. Lo que te falta es soltarte

H: ¿Soltarme el qué?

N: Me refiero a la naturalidad. Pensar que lo que a ti te ocurre, lo que tú piensas, lo están pensando miles de personas al mismo tiempo.

H: Así que crees que todo el mundo está pensando, por ejemplo, en el sexo anal.

N: ¿Estás pensando en eso ahora?

H: Sí. Leí El País, hoy por la mañana, y salía una escritora australiana que estrena su obra en el Centro Dramático Nacional ycuenta cómo, a pesar de su ateísmo, encontró a Dios en el mismo momento en que fue sodomizada por primera vez”.

N: Pues ayer echaron El informe Kinsey por la tele y explicaba el desconocimiento de lo que era el sexo en América. ¿Te imaginas lo que era el sexo en los 50 en España?

H: Balarrasa.

N: ¿No habláis entre los hombres?

H: ¿De qué?

N: ¿Qué decís cuando habláis de sexo?

H: De las tías con las que nos acostamos, nada de descripciones, sólo números enteros, sin decimales.

N: Nosotras, cuando nos juntamos, siempre hay alguna que  da vidilla a la reunión contándonos cómo su nuevo novio la desnuda en la cocina mientras miran a través del horno si está lista la pizza.

H: ¿No habláis de prácticas sexuales?

N: Hablamos de satisfacción sexual y no nos cortamos un pelo.

H: ¿Y qué es lo que se lleva ahora?

N: De todo, lo que se lleva es lo que ambos quieran, sobre todo entre parejas que se han unido recientemente.
Luego están las desparejadas que buscan y encuentran muy poco, la verdad, o se llevan un chasco absoluto cuando lo hacen una de esas noches locas.
El otro día una amiga me dijo que tenía tantas ganas que no le importó que el tío estuviera tan borracho que al final, no pudo.

H: ¿Y hablas por ahí de nuestras relaciones sexuales?

N: Sí, claro. De cómo lo pasamos, de la frecuencia, de cómo cambian las necesidades. Una amiga me contó que había que ser abiertos y permitir a tu novio hacerlo con otras mujeres, que no deberíamos ser egoístas.

H: Tienes que presentarme a tu amiga.

N: Hay como una autonegación a lo que no es habitual.

H: ¿Cómo al fetichismo?

N: También puede ser, pero lo importante es la comunicación, ese sigue siendo el caballo de batalla de la sexualidad también hoy.

H: ¿La comunicación qué es, por el uso de la lengua?

N: Yo creo que es un síntoma más del miedo ancestral a decir lo que nos gusta, a revelar nuestras fantasías y miedos, y ya es hora de que nos demos cuenta de que todo, también el sexo, es global.

H: Como los hijos, ¿acaso son ellos la razón del sexo? o ¿lo es el pecado original?

N: ¿Por qué los tíos jamás habláis de sexo entre vosotros, solo de a cuántas os tirasteis?

H: Es que somos unos caballeros.
¿Cuántas veces puedes hacerlo en una noche? ¿Crees que podríamos intentarlo hoy?

N: No es una competición. Nunca me planteo el sexo como si fueran encuestas.

H: Sería como Encuentros en la tercera fase.

N: Prefiero la calidad, ya lo sabes.

H: Pero primero tienes que quitarte el corpiño ese, que me rasca.

N: Venga me lo quito. Ahora vuelve la moda de las fajas, como si no estuviéramos bastante constreñidas.

H: Es un revival, no lo pueden evitar, si hasta quieren volver a poner la Casa de fieras en el Retiro.

N: Entonces tendremos una involución también en el sexo.

H: O sea: tú debajo, mujer.

N: Sí, y mirando la hora, como Amélie, eso es genial.

H: ¿Qué es, algo típico femenino?


Y la noche sigue entre lentas palabras y rincones de oscuridad. El tiempo perdido se refleja por debajo de la puerta queriendo entrar en la habitación, peleándose con los sueños que, todavía vírgenes, intentan ocupar el espacio de un futuro incierto.


Imagen Natalia Pastor
Texto Roxana Popelka y X-C