sábado, 16 de febrero de 2013

Es la segunda vez que pienso en la muerte











foto Nan Goldin



Es la segunda vez que pienso en la muerte.
Antes nunca había pensado en ello, bueno si, pero de una manera filosófica o literaria, como una aprehensión metafísica, no como el hecho fisiológico.
Supongo que el paso del tiempo hace que uno lo vea más cerca, no como una fantasía, sino como algo cercano y real.

No me refiero a que pasará después, tal vez me refiera a si dolerá, si me daré cuenta.
¿Tendré miedo? ¿Qué les diré a mis hijos? ¿Pensaré en mi madre y en mi abuelo, pensaré en algo o sólo tendré miedo? Sé que muchos lo tuvieron antes, muchos que eran valientes o al menos lo parecían.
Cuando todo se acabe, ¿será como cuando apago el vídeo y la película se detiene? Antes no quería apagarla y marchaba corriendo al baño como si la estuviese viendo en directo, algo que no se puede detener. Ahora puedes dejarla para mañana mientras comes. Sólo hay que darle al play y los actores se vuelven a mover, se encienden las luces.

¿Notaré cuando me metan en el horno y arda el fuego? Ya sé que sólo son unos segundos pero… ¿qué pensaron los judíos o ya creían que estaban muertos? Y luego, cuando sólo sea cenizas, ¿seguiré sintiendo? ¿Sentiré cuando me recojan y cuando me metan en una urna como si fuese un celta? Y cuando lo que quede de mi familia me lleve a puerto y me tire al mar, ¿sentiré algo entonces? Sentiré como las cenizas, el polvo minúsculo de mi cuerpo es llevado por el viento y luego flota en el mar antes de hundirse. ¿Tan siquiera oleré el mar, me vendrán los recuerdos que me invaden ahora, cuando al salir de casa, me llega con el nordés el aire del mar de mi infancia?

¿Y tú que pensarás, ni tan siquiera estarás allí, acaso ya no seamos amigos, ni tan siquiera amantes? ¿Llevarás tú las cenizas, serás lo último que note el roce de mi piel pulverizada?

Cuántas cosas dirán,
dirán alguna cosa,
¿quedará alguien que se acuerde de mí?
Te acordarás tú
o cuando te lo cuenten
Sólo dirás: Ya pasó.

¿Cuánto tiempo me queda, cuantas veces podremos volver a hacer el amor?
¿Cuantas veces despertaré asustado en la pesadilla y te abrazaré a mi costado?
Cuantas veces volveré a verte caminar por la casa cerrando las puertas de las habitaciones para que no salga el calor y recogiendo los libros que se van posando por toda la casa…

Y cuando despierte, esa vez, ya no habrá nadie, estaré tan solo como cuando llego a casa y enciendo la radio, como cuando me pongo los cascos en el autobús o cuando me hablan en el bar y no sé que coño me están diciendo.

Daré todos los pasos hacía allí, todos, uno tras otro y no olvidaré ninguno, no me llevaré un bocadillo, ni una chocolatina, como cuando iba a la escuela. Tampoco tendré que tomarme una copa tras otra para no tener miedo, ni esperaré a hablar a toda prisa como hacía mi madre cuando estaba nerviosa.
Tampoco se, si cuando me cierren los ojos —si es que alguien me los cierra— me quedaré mirando a través de los párpados como hacía mi abuelo cuando lo vi irse.

Hubo otras veces que estuve cerca de ti (de Ella) pero fueron horribles, sólo quiero olvidarlas, aunque nunca se van, sólo tengo que decir el nombre de cada uno para que vengan a mi mente. La foto de su cuerpo estirado y gris, y todo lo que había detrás de la puerta. Sentiría como se habían ido y como no quedaba nada. Se quedaban fríos y todos empezaban a hablar, pero ya no quedaba nada de ellos, aunque todos hablasen todo el rato y dijesen cosas, cosas que tal vez, ni tan siquiera hubiesen pasado. Todos hablaban de ellos y de cómo habían sido, pero yo no oía nada, sólo recordaba el sonido del pijama (de las ropas cuando las cortaban las tijeras) y el peso sobre las sábanas al darle la vuelta para ponerle la ropa.
Todos esos recuerdos llenos de vida, esperan otros actores.

¿Qué piensas tú, piensas alguna vez en esto? ¿Has visto muchos muertos? ¿Crees que seremos distintos, que no nos pondremos grises y que la gente no tendrá que estar parada en el tanatorio y que no querrán ir corriendo a la barra de la cafetería para tomarse dos copas o un café, para escapar de todo ese olor que ahora, entonces, será el mío?

¿Tú crees que podrás soportar todo eso?
No sería mejor que nos escondiéramos, ¿dónde podríamos escondernos de la muerte?
¿Te acuerdas de la risa que daba cuando llegaba con los leotardos y el verdugo negro, enarbolando la guadaña en El séptimo sello?  Avanzaba a la orilla del mar, sobre los cantos rodados y el caballero era Max von Sydow. Le decía que esperase y la retó a una partida de ajedrez. Era una muerte culta, muy fría, era danesa o noruega pero no parecía vikinga, ni bárbara. Era una muerte muerta, muy seria como si fuese del Opus o un portero del barrio de Salamanca.

¿Cuándo te lleven al cementerio en que pensarás, en las nubes de algodón de las ferias o en la primera regla? ¿En los regalos de reyes o en el primer chico que dejaste?
Y luego, por el camino, te acordarás de tu padre o de alguien que querías, o sólo pensarás en ti y en qué tendrás que hacer mañana y en cuantos días te quedan.
¿Creerás que hay un resquicio de esperanza y que aparecerá san Pedro con las llaves en la mano?
¿Tendrás todas las cosas hechas o creerás que has dejado algo por hacer? ¿Te acordarás de mi, querrás que sea yo el que te cierre los ojos, querrás que  te guarde en un jarrón donde la televisión?
Todos los días que faltan, ¿pensarás alguna vez en ello?
¿Alguna vez tienes sueños y sueñas que te mueres o que estás muerta o que te hablan los muertos?
Tendrás todavía algo que darme, o ya todas tus imágenes serán para tu infancia (para tu madre, para cuando eras pequeña).

¿Te dará vergüenza cuando te desnude y te corte el sujetador con unas tijeras, cuando te quite las bragas y caigan al suelo como un pañal mojado? ¿Soportarás que te bese y que acaricie tus pechos por última vez?

Crees que acertaré con la ropa o estaré confundido como siempre y el bolso no conjuntará, o conjuntará demasiado; y tendré que pintarte los labios con esa barra roja que tanto me gusta y te perfilaré con mis dedos las cejas, y te daré un poco de color en los parpados y luego te besaré suave, despacio, los dos ojos; te cogeré las manos, ya frías y duras, como si no fuesen tuyas, meteré cada una por su manga, después de haber cortado el vestido por atrás, y luego cuando ya estés vestida, aunque no pueda ponerte los zapatos, tendré que peinarte, recoger tu pelo, o tal vez, mejor, lo dejo caer sobre la cara. ¿Quién sabe que haré? ¿Acaso sé si querrás estar conmigo, que sentirás esa noche y a quien darás tus sentidos? O tal vez sólo te iras sin pensar en nada, con la sorpresa en la cara, porque no creías que iba a venir de golpe.

¿Y yo que haré? Acaso podré nada, tan solo me echaré sobre ti y lloraré, o al contrario me quedaré quieto y retrocederé, me pegaré a la pared y cerraré los ojos para no correr.

¿Quién me dirá otra vez lo que tengo que hacer, aunque esta vez ya lo se,  y tendré que volver a vestirte mientras te hablo y te digo: Porqué nunca quieres comprar ropa… y porqué no me diste un beso ayer… y como pasó el tiempo… y…

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