viernes, 31 de mayo de 2013

Love is blue


Tenía miedo, llevábamos días sin hablarnos, y tenía mucho miedo. Llevábamos años juntos, te quería, pensaba, no pensaba, creía que el mundo eras tú sola, Habíamos empezado a vivir juntos, bueno, más bien vivíamos juntos hacía mucho tiempo. Estábamos empezando a construir, parecía que el trabajo aguantaba y querías... querías querer (yo también), querías que fuésemos más, más cosas. Queríamos casarnos y tenía que ver a tus padres porque ya teníamos piso, ya íbamos a ser.
Esa tarde yo estaba muy deprimido, me había emborrachado mucho el día anterior (había salido muy tarde de trabajar) y el  cuerpo me hacia cri cri; tú en cambio, estabas muy cariñosa. Te pegaste a mi como si fuese Jesucristo andando sobre las aguas y me abrazaste. Lloraste como si no hubiese más vida que aquel parque.
Tenías treinta años, yo te abracé en silencio (no había nada que decir). Al día siguiente fuimos a ver a tus padres. Nos casamos antes de acabar el año. Ahora tengo que hacer esfuerzos para recordar todo aquello, esta noche buscando un libro en la estantería, me encontré esta foto en el suelo.

cuadro Federico Granell
http://federicogranell.blogspot.com.es/2013/05/love-is-blue-en-gema-llamazares.html
canción Chet Baker
http://www.lloviendopiedras.com/2011/05/casi-azul.html

jueves, 23 de mayo de 2013

Nuria y Héctor. Porque te vas
















Exterior día, ¿o es interior día? ¿Por qué están dentro del parking a punto de coger el coche? Héctor parece alterado, camina con gestos enérgicos y mantiene un rostro muy serio. Nuria está más relajada, camina a su lado e intenta sonreír.

NURIA: Deja, conduzco yo.

HÉCTOR: No hay prisa, vamos con tiempo.

N: ¿Allí quién te espera?

H: Nadie, voy en autobús hasta el pueblo.

N: Pero tienes que esperar mucho.

H: Leo el periódico, yo qué sé.

N: ¿Tu madre está en casa?

H: No, creo que está con una prima hasta que yo llegue.

N: ¿Y tu hermana?

H: Ya sabes que mi hermana está fuera y no puede venir.

N: Pues no sé por qué, bien que viene por Navidades a recoger el aguinaldo.

H: Porque es fiesta en todos lados, atiende: no hay otra solución, tengo que ir yo, además ya se han acabado las clases y tal vez no tenga que volver.

N: Yo iría contigo, pero ahora no puedo, tal vez para el otro fin de semana. ¿Qué vas a hacer allí, lo sabes?

H: Pues lo primero es llevar la casa rural, mi madre con la escayola estará unos tres meses sin poder hacer nada.

N: ¿Y como va a aguantar el negocio? Tendrá que cerrar.

H: Bueno ahora lo que hay que ver es como está ella y ya iremos arreglando las cosas.

N: ¿Pero hay gente ahora en el hotel?

H: Sé que tenía dos habitaciones alquiladas, menos mal que ya pasó el puente.

N: ¿Pero qué hacia tu madre subida a un tractor?

H: En el campo se hace de todo.

N: ¿Tú sabes llevar el hotel?

H: Sí, claro que sé hacerlo, aunque no me apetece cambiar las sábanas de otros. Ella daba desayunos y además tenía gallinas.

N: ¿Cuánto tiempo vas a estar allí?

H: Ni idea, ya sabes cómo son estas caídas, el asunto es que tal y como están las cosas el hotel no se puede cerrar. No nos lo podemos permitir.

N: Si claro, es una faena pero creo que es lo mejor.

H: ¿Tú, qué harás?, ¿quién te va a hacer ahora la comida?

N: Como por ahí, eso no es problema.

H: El problema es quién va a atender a mi madre, tendré que darle de comer, fregar y demás gaitas; pero lo que me preocupa es tener que limpiarla y moverla en la cama y todo eso. Tengo que encontrar a alguien, yo no estoy preparado.

N: El problema es que hay que pagarlo.

H: El hotel funciona bien, por ahora.

N: Pues dedícate al hostal y contrata a alguien que esté pendiente de ella.

H: Parece que todo se pone en contra últimamente, ¿será por la bondad?

N: ¿Qué bondad?

H: La que estamos acostumbrados a ofrecer a los demás. Cuanto más das menos recibes.

N: Me gustaría que nada me afectara. En algunas situaciones lo mejor es dejarse llevar.

H: Y dejar que a tu alrededor todo se convierta en un caos.

N: ¿Es que crees que solo tú puedes arreglar las cosas?, ese es tu problema, que te crees imprescindible.

H: Vamos a ver, si yo no voy a cuidar a mi madre y de paso a llevar el hotel, nadie lo va a hacer.

N: No sé por qué nos creemos imprescindibles, es un problema nuestro.

H: ¿Generacional, a eso te refieres?

N: No, nuestro. Pensamos que sin nosotros no funciona nada. 

H: Y ahora qué pasará con nosotros…

N: Pues nos dedicaremos por un tiempo a cuidar de los demás, es lo que toca.

H: Es lo que siempre nos ha tocado. ¿Y quién cuidará de nosotros?

N: Nadie, hay que asumirlo; ni la familia ni el estado. Como tú dices nos gasearán, somos un estorbo.

H: Todo se reduce a complacer a los demás.

N: No seas tremendista, hoy por ti mañana por mi, y madre no hay más que una; además te acabas de quedar sin trabajo.

H: Ves, no hay mal que por bien no venga, mientras haya salud… Si al final tengo una suerte bárbara.

N: Tal vez haya que plantearse las cosas de otro modo.

H: ¿Hablas de nosotros, de nuestra relación?

N: No, la vida entera. Yo que sé… Que pocas veces en realidad eres libre. Tiene que ver con algo más existencial.

H: Qué puede ser más existencial que lo que siento por ti, acaso crees que te quiero para mandarte mensajitos y echar un polvo de vez en cuando.
Si la cosa se alarga, ¿vendrás?

N: Mejor pensar en los dos próximos meses, no podemos mirar más allá.

H: Ya, es verdad, hay que ser realista, es lo que hay. Una madre de 76 con la cadera rota y una casa rural que atender. Yo en paro y a 500 km de distancia: precioso.

N: No tiene sentido enfadarse, te acompaño, ¿lo llevas todo?

H: Mejor voy sin nada, así, ligero de equipaje.

N: No pienses que la distancia es una prueba, nosotros ya la hemos pasado.

H: No es una prueba, es una puñalada.

N: No digas eso, dentro de quince días voy a verte.

H: Así que dos semanas sin vernos.

N: Tengo que trabajar.

H: ¿Y si me tengo que quedar todo el verano, qué hacemos?

N: No sé, ya pensaremos algo. Esto es inmediato.

H: Tú a Boston y yo a California, qué bien lo vamos a pasar, al fin tendrás todo el tiempo para ti.

N: Sí, me iré de fin de semana. Anda, no digas bobadas.

H: Ya llegamos, mira a ver si hay sitio en el parking.

N: No, antes doy una vuelta a la manzana a ver si hay un sitio libre, que cuesta carísimo.

H: Todavía no entiendo por qué la llaman Estación Sur si va al norte.

N: Un vestigio del pasado, son así de cómicos.

H: Pues hacen tanta gracia como Martínez Soria y Rajoy juntos.

N: Antes sí que era un cutrerío de estación.

H: Ya, ahora los pobres son más elegantes, se ve que tienen estudios.

N: ¿Llevas algo para leer?

H: Las Putas asesinas, haber si se me pega algo.

N: No te veo de puta, y tampoco de asesina.

H: No coño, de escritor.

N: Te acompaño hasta el bus y espero a que metas la maleta.

H: ¿Cuánto me vas a echar de menos?

N: Bastante más de lo que crees.

H: Sí, seguro que ahora aprovechas para irte con las amigotas y ponernos a parir.

N: Ya, eso es lo típico pero no en este caso, voy a subir al teleférico de la Casa de Campo.

H: No se me ocurre nada más emocionante, casi es peor que echarles de comer a las gallinas.

N: Hablando de gallinas, ¿hablaste con tu hermana?

H: No, cuando llegue al pueblo la llamo.

N: ¿Sabe que cayó tu madre?

H: Yo no se lo dije.

N: ¿Y por qué no? No crees que ya está bien… los reyes son los padres, ¿no?

H: ¿Y cuando fue la última vez que fue tu hermano a ver a tu madre? Por mucho que quieras las cosas son como son.

N: Pero mi familia no tiene a una tía loca encerrada en una cuadra.

H: No, lo que tiene es a un padre que se fugó con todo el dinero de tu madre.

Cría Cuervos…

 

Imagen Natalia Pastor
Texto Roxana Popelka y X-C

domingo, 12 de mayo de 2013

Yo no quiero


"Yo no quiero" poema de Eva Vaz leído por Roxana Popelka

Yo no quiero que sufras lo que sufro y aprenderé a rezar para lograrlo. J.M. Fonollosa


Yo no quiero que sufras
lo que yo sufro.
Yo quiero que sufras
más.
Yo te quiero más roto
que yo.
Más desguazado
que yo.
Yo quiero que el dolor
te destroce el esternón.
Que tengas que luchar
a todas horas
por sobrevivir sin ganas.
Que no soportes
ser el hombre más miserable
del mundo
por quererme a tu lado.

Yo ya lo sufro.

No quiero que me odies.
Odiando se hace más fácil
la ausencia.

Yo quiero que sufras
lo que yo sufro.
Yo quiero que te asfixies con tu llanto,
que no encuentres paz
en ningún sitio.
Que no soportes el peso
de tu cuerpo
sin mis dedos.
Yo quiero que el miedo
no te deje dormir,
como un dolor insomne.

Yo ya lo sufro.

Yo quiero que sufras
lo que yo sufro.
Yo quiero que vengas,
rogando en silencio,
muerto de miedo, inseguro,
que vuelva contigo.
Que sin mí, tus días
son estertores.
Como mi pésame diario.

Dime que sufres lo que yo sufro.

Y dímelo llorando.


viernes, 10 de mayo de 2013

Robert Adams: el lugar donde vivimos





“Vivir es defender una forma” Hölderlin
Robert Adams (Nueva Jersey, 1937) expone en El Museo Reina Sofía la primera gran retrospectiva que se realiza en Europa del fotógrafo considerado como uno de los más grandes cronistas del nuevo Oeste americano. Bajo el título El lugar donde vivimos, la muestra presenta trescientas fotografías en blanco y negro, fechadas entre 1965 y 2007, procedentes de la Yale University Art Gallery, institución que posee los archivos completos del artista. Son veintidós series repartidas en diez salas, y cuarenta libros de fotografía, parte fundamental en la carrera artística y de denuncia de Adams: Perfect Times, Perfect Places, Listening to the River y Pine Valley reflejan la belleza de espacios pasados. En esta exposición está representada toda su obra desde sus inicios en Colorado, hasta sus series más famosas: The New West y Summer Night, y sus últimas imágenes del Pacífico noroeste. También podemos admirar sus textos, ya que son sus escritos los que informan cada sala del museo.

“La ciudad de Denver la fundaron los buscadores de oro en 1861. Su historia es una sucesión de momentos de crecimiento y depresión. Uno de los periodos de expansión más sorprendentes fue el de los años sesenta y setenta, cuando la industria petrolera, la industria militar y el turismo prosperaron a la vez, y todas las industrias del país se trasladaron a Denver a petición de sus empleados, seducidos por la belleza natural de la región. En unos pocos años, sin embargo, la ruina de la región se convirtió en el testimonio de un trato que no llegó a cerrarse. En estas imágenes aparece lo que hemos comprado, lo que hemos pagado y lo que no pudimos comprar. Documentan el modo en que nos hemos alejado de nosotros mismos y, en consecuencia, del mundo natural que declarábamos amar.”

Robert Adams nació en Nueva Jersey en 1937 pero su familia fue dando tumbos hasta encontrarse con Oregón, donde se asentaron, maravillados por la naturaleza del Oeste. Rápidamente ese espacio empezó a cambiar, las afueras de Colorado Springs y Denver, empezaron a llenarse de casas en serie, estaciones de servicio y centros comerciales, el paisaje se fue corrompiendo, Adams empezó a disparar fotografías en un intento de guardar en la memoria colectiva lo que habían sido aquellas tierras y también en un intento desesperado y autista de denuncia. Surgen imágenes silenciosas, nada románticas, como si la naturaleza se hubiese quedado muda en el asombro de su destrucción. Bajo un cielo de justicia, el blanco y negro muestra la tierra descarnada, casas blancas que se extienden hasta el infinito, gasolineras solitarias y alguna persona de vez en cuando para mostrarnos su soledad y su insignificancia. Ya no hay indios ni cowboys, ni búfalos, ni tan siquiera praderas, todo ha sido sepultado, con el sueño americano, por una losa de polvo, por el polvo gris.
Ríos contaminados, bosques talados hasta el tuétano, eso queda, eso nos muestra Adams en una belleza dolorosa, y con palabras cortantes que me recuerdan el brillo metálico de las frases de Bradbury y sus descripciones de otro mundo arrasado, Marte.

“Solemos definir las llanuras por lo que falta en ellas, y consultamos los mapas para saber hasta dónde tendremos que conducir para encontrar alguna cosa, las montañas del Oeste o las ciudades del Este. A fin de cuentas, ¿para qué sirven los trigales, los puebluchos y el cielo? En este paisaje el misterio es una certidumbre, una certidumbre elocuente. Silencio por todas partes: silencio en el trueno, en el viento, en el canto de las palomas, incluso el silencio de la puerta de una furgoneta al cerrarse. Cuando cruces las llanuras, abandona la carretera interestatal y busca una carretera secundaria donde pasear; escucha.”


martes, 7 de mayo de 2013

PROYECTO FAKE!













PROYECTO FAKE! es el título bajo el cual el Círculo de Bellas Artes de Madrid, del 6.02 al 12.05.13, nos muestra la película de Orson Welles, F for Fake (1973) y una exposición de pintura de Elmyr D´Hory, el famoso falsificador que protagoniza la historia. 

Orson Welles nos presenta a un mago (el mismo) que realiza trucos delante de la cámara y nos introduce en la película, una obra que el realiza con pedazos de documentales y unas vacaciones en Ibiza, la isla donde Malcom Tillis había creado la moda Adlib antes de acabar en una prisión turca convirtiéndose en el protagonista del Expreso de Medianoche, él era uno más de aquella fauna cosmopolita que aterrizo en las Pitiusas. Como el senador ingles que se compró un burro para dar sus paseos entre gin-tonic y gin-tonic, mientras montaba una galería de Arte (El Corsario) y un grupo de vanguardia, llamado Ibiza 65.
En 1967 aparece la película More de Barbet Schroeder que refleja la vida de los hippies y las comunas en Ibiza, el amor libre y las drogas; para poner música a la película los Pink Floyd se instalan en la isla y crean una banda sonora de culto en el mundo psicodélico. El centro de reunión era la terraza del Café Monte Mar que aparece varias veces en la cinta de Welles.

ElmyrHory llega a Ibiza en 1950 presumiendo de ser un aristócrata húngaro, pero escapaba de Hollywood donde había fracasado como pintor y había vivido a cuerpo de rey fabricando "Modiglianis" y "Matisses", la leyenda cuenta que había utilizado más de sesenta nombres antes de arribar en España.

El otro personaje del cuento es Cliford Irving, un escritor que no consigue vender sus novelas en Estados Unidos, y que publica un libro: Fake que relata las falsificaciones de Elmyr. La revista Time lo saca en portada en 1972 con un retrato hecho por el falsificador (donde podemos apreciar la falta de calidad del pintor) y comenta el escándalo que produjo la falsa Autobiografía de Howard Hughes escrita por Irving. Es en ese momento cuando Welles llega a Ibiza.

El genio, utilizando los retales que quedaban por el suelo de un documental sobre falsificadores rodado por Francois Reinchenbach para la BBC en 1968, y de una película sobre La Guerra de los Mundos de 1958, y algunas tomas de un espectáculo de magia protagonizado por el mismo, fabrica un increíble rompecabezas que nos desliza por el tobogán de la realidad y la ficción, de lo verdadero y lo falso, haciéndonos parecer niños con la boca abierta, delante de un mago que no para de sacar conejos de la chistera, para al final de la historia contarnos otra historia (esta sobre Picasso) y cuando esta termina aparece otra vez el gran mago que nos recuerda que al principio nos había prometido una historia real de una hora y que ya llevábamos una hora y quince minutos de proyección, con lo cual hay quince minutos de irrealidad. Es como el juego de los espejos que se van rompiendo en el final de La dama de Shagai, donde no sabemos quien vive y quien muere, entre los cristales rotos por los disparos.

El profesor soviético del Instituto de Cine, Lev Kuleshov, en 1922 realiza un prodigioso experimento, un ensayo del lenguaje cinematográfico que apenas dura unos minutos, donde inventa el efecto K, piedra angular del cine soviético y de la teoría del montaje. En Fraude el actor ruso es sustituido por una fotografía de Pablo Picasso, convirtiéndose en el involuntario actor principal de un cuento dentro de otro cuento. Welles aprovecha con habilidad su dominio del montaje, para, como hicieron aquellos pioneros rusos que carecían de medios, sumergidos en la revolución y la guerra, hacer de la necesidad virtud, y construir de la nada castillos en el aire. De esta manera la técnica de la película se convierte en una parte mas del guión dando ejemplo de como se puede hacer una falsificación y de como esta puede ser superior a una obra original.
fotos X-C

—"¿Porque haces cuadros falsos?
—Sin mercado del arte no habría falsificaciones.
Orson Welles: —Los tramposos siempre hemos existido, este no es el siglo del fraude, lo nuevo son los expertos, son oráculos, muy pretenciosos, nos hablan con la autoridad de un ordenador. Pretender conocer algo que solo conocen superficialmente. Y nos sometemos a ellos, son una bendición para el falsificador. A todo el mundo le encanta ver ridiculizados a los expertos. Muchos de los dibujos que les vendió son muy flojos. ElmyrHory, usted acabó con el mito de la infalibilidad de los marchantes y directores de museo y muestra su fraudulencia, su maldad y corrupción".

Aunque terminada a fines del verano de 1973, tardó un año en estrenarse. En septiembre de 1974 se presenta en los festivales de San Sebastián y Nueva York. La edición de esta película duró un año, de siete días a la semana, y exigió el empleo de tres distintas salas de montaje, según cuenta el montador jefe.

Cliford y su mujer acaban en las cárceles americanas y ElmyrHory se suicida en la isla antes de que España conceda la extradición al Gobierno francés.

Las películas de Orson Welles siempre parecen hechas por un genio, tal vez ahí radique la maldición que persiguió al creador por todo el mundo, y la inquina con la que fue tratado por la "fábrica de sueños", ya que estaba rodeado de productores que se creían muy listos y que se daban cuenta, a su lado, de que eran unos mierdecillas.

Como el Ciudano Kane, el Joseph K de El proceso o el Mr. Arcadín, que llega a decir que no sabe quien realmente es, así plantea Orson Welles la realidad sobre el propio yo.
"Sed honestos, claman los artistas muertos desde el pasado más vivo. Nuestros cantos serán silenciados, pero ¿y que importa? Seguid cantando. Quizá el nombre de uno no importe tanto".

domingo, 5 de mayo de 2013

Pensabas que ya estaba acabado




















imagen Pelayo Ortega



Pensabas que ya estaba acabado, ya lo habías visto, la historia se había ido pudriendo y ahora el escorbuto te estaba empezando a comer el corazón. Tenías que haber vuelto a casa pero pensaste que eso iba a empeorar las cosas, creías que había momentos en que era mejor pasar, que una guerra abierta os iba a llevar a la destrucción. Por eso no bajaste, decidiste dejar pasar el tiempo, esperar a que se te aclarase la cabeza entre las copas.

La ciudad estaba pasada por agua y dormía, pero eso no era nada nuevo ─la siesta era una de sus características más sonadas─, su dormir (sus ronquidos) habían hecho de la ciudad un personaje cuasi mitológico, como las cuadras que Hércules tuvo que limpiar, allá en la lejana Grecia.
Por suerte la ciudad ya estaba tan pateada que sabías encontrar refugio sin dificultad. Estaba llena de ellos, siempre había sido así, ya sus poetas (dos y un académico) se habían refugiado en los bares de putas ─los únicos espacios de libertad, decían─ antes de tropezarse, borrachos, con las farolas y sus mujeres al mediodía.
Acostumbrado a la olla podrida no (te) costó encontrar cobijo en uno de aquellos garitos donde nadie duerme y todos se conocen de nada. En la mesa del fondo liaban un pitillo hasta que entró alguien en el baño y el liador se fue tras él. En la barra, una mujer de labios muy rojos hablaba exaltada a un hombre pequeño que debía escucharla asustado sino fuese porque estaba tan borracho que no la oía y además le daba al pairo, o le importaba un pijo, que viene a ser la misma cosa, lo que ella contaba. En un extremo, una chica miraba una revista con cara de no entender lo que estaba viendo y en el otro, el dueño, uno que iba disfrazado de chaval cuando ya había pasado los treinta y cinco, miraba con cara estulta a las dos que tenía delante mientras contemplaba los anillos de humo que salían del porro que se estaba fumando. La conversación que partía intelectual sobre la música francesa y el nemequitepa, torcía en el juego de Benzema y en si Cristiano podría ser perdonado por tío bueno en un juicio final de los tontos. Una de las chicas decía que Messi era guapo ─realmente estaba muy fumada─ y la otra recordaba los tiempos en que Chisuscrais ─este si que estaba bueno─ cantaba algo en una pumarada, con una toalla en el paquete.
Ante la promesa de que la cerveza estaba caliente pedí un Johnnie con hielo y dejé que las ideas aterrizasen en mi mente entre los vahos etérneos del alcohol.

jueves, 2 de mayo de 2013

La noticia


Roxana Popelka.- La noticia

El telediario; la voz cansina del presentador
agonizando por la 2.
Y las vocecitas de los muñecos infantiles
que dan las buenas noches
a los niños menores de doce años.
Que esta noche, como todas las
demás, volverán a tener pesadillas.
Se agitarán sudorosos en
sus camas soñando con arañas
de 15 patas que atraviesan la habitación
remando en una canoa
con indios medio borrachos,
o en pozos, donde al final
siempre espera un dinosaurio.
Y a unos metros más allá
en la habitación de al lado
los vecinos discuten:
-Tú,  te quedas con los niños, y yo, me quedo sola.
¿No te gusta esa idea, verdad? –dice ella.
Y siguen hablando del poco tiempo libre,
y del trabajo, y de la colada que se acumula.
Después ella
se echa a llorar, como exhausta.
Oigo un portazo
que hace temblar
toda la casa.
 Enciendo la televisión,
aparece el presentador del telediario,
con su voz cansina
agonizando por la 2.
Pero esta vez me quedo helada cuando
le oigo decir que
Superman,
el auténtico Superman,
ha muerto.