jueves, 15 de mayo de 2014

La muerte de Cyrano



Edmond Rostandt.Cyrano de Bergerac

Cyrano (leyendo).― “Quizás esta noche, por mi lado
tengo el alma ahíta de amor
aún no expresado.
Y moriré.
Jamás vuestros ojos veré.
Aquellas miradas que…”  
Roxana.― ¡Qué bien leéis su carta!
Cyrano.― ”Aquellas miradas que eran
de mi alma la única fiesta.
Incluso vuestros gestos de protesta.
Recuerdo uno adorable
que os era peculiar
cuando os tocabais la frente
y yo quisiera gritar.”
Roxana.― ¡Qué bien leéis su carta!
Cyrano.― “Y grito: ¡adiós!”
Roxana.― La leéis…
Cyrano.― “Mi amor, mi vida, mi tesoro.”
Roxana.―  …con una voz.
Cyrano.―  “Mi amor…”
Roxana.― Con una voz que me trae
recuerdos de un modo veloz.
Cyrano.― “Mi corazón no os dejará
ni un segundo
porque soy, y también seré
en el otro mundo
quien os amó desmesuradamente,
aquel que…”
Roxana.― ¿Cómo podéis leer así? Es de noche.
Cyrano.― ¿Es de noche?
Roxana.― ¡Erais vos!
Cyrano.― No, no Roxana, no.
Roxana.― ¡Debí adivinarlo cuando
decíais mi nombre!
Cyrano.― No, no era yo.
Roxana.― ¡Erais vos!
Cyrano.― Os lo juro.
Roxana.― Ya veo que sois
un generoso perjuro.
Las cartas eran vuestras.
Las palabras cariñosas.
Cyrano.― No.
Roxana.― La voz en la noche.
Cyrano.― Os juro que no.
Roxana.― El alma era la vuestra.
Cyrano.― Yo no os quiero.
Roxana.― ¡Me amáis!
Cyrano.― Era el otro.
Roxana.― ¡Me amáis!
Cyrano.― ¡No!
Roxana.― Os he desenmascarado.
Cyrano.― No, amor mío,
jamás os he amado.
Roxana.― ¡Cuántas cosas muertas han renacido!
Catorce años habéis enmudecido
esta carta que en mi corazón
fue un aleluya.
Llevaba vuestro llanto.
Cyrano.― La sangre… era suya.
Ragueneau (entrando con Guiche).― Cyrano, ¡estás aquí!
Cyrano.― Buenas noches, amigos.
Ragueneau.― Señor, al venir aquí se ha matado.
Roxana.― Ahora entiendo esta debilidad, esta…
Cyrano.― Es cierto, aún no
había terminado la gaceta.
Sábado veintiséis
y sin haber cenado
el Sr. De Bergerac
ha muerto asesinado.
Roxana.― ¿Qué os han hecho?
Cyrano.― El destino es traidor.
Yo que siempre tuve
la espada a mi favor.
Resulta que me matan
en un encontronazo
¡a traición! Unos
canallas, de un leñazo.
Muy bien.
He fallado en todo,
¡hasta en mi muerte!
Ragueneau.― ¡Señor!
Cyrano.― Ragueneau, no llores tan fuerte.
Ragueneau.― Id a buscar ayuda.
Cyrano.― No, ya no me queda aliento.
Dejad que se consuma
mi último lamento.
¿A qué te dedicas ahora,
si se puede saber?
¿Ya no eres pastelero?
Ragueneau.― No.
Trabajo con Molière.
Mis amigos me arruinaron.
Cyrano.― Y tu mujer te dejó. ¡Molière!
¿Qué haces con ese gran autor?
Ragueneau.― Enciendo las velas.
Mañana me despido.
Sí, estoy indignado.
Ayer, el muy bandido, os robó
una escena en su Scapin.
Cyrano.― ¡Entera!
Ragueneau.― Sí aquella que dice…
…”Esta fría ventolera”…
Molière te la ha robado.
Cyrano.― Bien hecho.
¿La escena ha dejado
al público satisfecho?
Ragueneau.― Sí señor, todos reían.
Cyrano.― Así es mi vida, he sido el inventor
de todo y el que todos olvidan.
¿Recordáis la noche en que
Christian os hablaba bajo el balcón?
Mi voluntad ha sido una esclava.
Mientras yo estaba abajo,
escondido entre la escoria
otros subían a recoger
el beso de la gloria.
No me quejo, lo apruebo
ante el todopoderoso:
Molière es un genio
y Christian… ¡era hermoso!
Roxana.― ¡Hermanas, hermanas, venid!
Cyrano.― No, que recen la novena.
Que rueguen al Señor
mientras mi campana suena.
Roxana.― ¡He sido vuestra desgracia! Yo.
Cyrano.― ¿Vos?
¡Al contrario!
Desconocía la dulzura femenina.
Mi madre jamás me encontró guapo.
No tuve hermanas.
Y las mujeres me
han hecho bromas inhumanas.
Os debo el haber tenido una amiga.
Gracias a vos, en
mi corazón hay una espiga.
Roxana.― ¡Os amo! ¡Vivid!
Cyrano.― Es demasiado tarde, prima.
Voy a subir allí, a la luna opalina.
Más de un alma noble
hallaré en mi paseo.
Encontraré a Sócrates y a Galileo.
Filósofo, poeta
espadachín y dramático
y músico y también matemático.
Con su nariz y su espada
amó mucho. No por su bien.
Aquí yace Hércules Savinien
de Cyrano de Bergerac.
Lo hizo todo
y no hizo nada.
Cyrano.― Pero ahora me voy, perdón
no puedo hacer esperar
al rayo de luna
que me viene a buscar.
¡No me sostengáis, no!
¡Sólo los árboles!
Ahí llega
me siento ya entre los mármoles,
forrado de plomo.
Puesto que el fin es tan cercano, iré a
buscarlo con la espada en la mano.
Cyrano.― ¿Qué decís? ¿Que es inútil?
Ya lo sé.
Esta vez me bato sin saber por qué.
Es más bello romper
inútiles valladares.
¿Quiénes son todos esos?
Sois millares.
Ahora os reconozco. Sois mis viejos
enemigos que me lanzáis avisos…
La mentira, la cobardía,
¡los compromisos!
Ya sé que finalmente
conmigo vais a acabar.
No importa,
¡a luchar, a luchar, a luchar!
Cyrano.― Sí, todo me lo quitaréis,
el laurel y la rosa.
Lleváoslos
pero me queda una cosa
que me llevo.
Cuando entre en la casa de Dios
brillará intensamente
mientras diga mi adiós
algo que inmaculado, meteré
en un arrullo y me
lo llevaré para siempre
Y es…
Roxana.― ¿Qué es?
Cyrano.― Mi honor. (Muere)


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